El nuevo pulso de la calle: cuando la inflación deja de mandar y el empleo desafía el plan oficial

Los salarios y la falta de trabajo desbancan a la suba de precios en el centro de las preocupaciones ciudadanas, abriendo un frente de tormenta para el oficialismo.
Economía05/10/2026Iván LuisIván Luis

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El termómetro del malestar social en la Argentina ha girado de eje. Aquellos meses vertiginosos de fines de 2023, cuando el vértigo de los precios y una inflación desbocada monopolizaban la angustia cotidiana, quedaron atrás. 

Con el dólar en uno de sus pisos reales de la última década y el Índice de Precios al Consumidor navegando a un ritmo de desaceleración indiscutible, el Gobierno puede jactarse de haber cumplido su gran promesa fundacional de estabilización macroeconómica.

Sin embargo, en los rincones del tejido social, la quietud de las góndolas contrasta con un vacío palpable en los bolsillos, desplazando el foco de la discusión hacia un terreno mucho más áspero: la precariedad laboral, los bajos ingresos y la imposibilidad de proyectar el futuro.

Los números de la opinión pública reflejan con crudeza este corrimiento en el mapa de urgencias. Relevamientos de firmas como Zentrix, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de San Andrés coinciden en un diagnóstico unánime donde la desocupación y el deterioro salarial trepan al podio de los temores nacionales, relegando a la inflación a un segundo plano.

Lejos de ser una simple fluctuación coyuntural, el fenómeno expone las costuras de una transformación económica que opera a dos velocidades drásticamente dispares. Por un lado, los sectores de vanguardia exportadora como la energía, la minería y el agro baten récords de divisas pero demandan poca mano de obra; por el otro, la industria tradicional y los rubros intensivos en empleo intentan subsistir a los embates del cambio de modelo, arrojando tasas de desocupación que ya trepan al 7,9% y alimentando una marea de informalidad que alcanza al 45% de los ocupados.

En este delicado equilibrio, la distancia entre las expectativas que alienta el discurso oficial y la realidad material de las familias se ha convertido en el mayor desafío político de cara a 2027. Con una vasta franja de la población obligada a recurrir al crédito o a sostener múltiples empleos para cubrir la canasta básica, el humor de la calle empieza a exigir respuestas allí donde la recuperación se muestra más esquiva.

El oficialismo se encuentra así ante una encrucijada: demostrar que la estabilidad conquistada es capaz de derramar, por fin, sobre los salarios y el empleo genuino, o arriesgarse a que el pulso social termine por marcar el ritmo de la disputa electoral.

(Con información de La Nación)

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