
Alertan por la sobrecarga eléctrica en los siniestros domésticos
Ivana Chañi
“El cable que tenía una zapatilla no resistió”, relató la directora general de Emergencia Social de la provincia, Gabriela Locuratolo, al describir el caso del incendio en barrio Vicente Solá el domingo por la mañana. Tres cargadores y una estufa bastaron para que el cable aéreo, sin la sección adecuada, se incendiara y propagara el fuego en minutos.
La funcionaria subrayó que “no cualquier cable sirve para cualquier cosa” y señaló que la mayoría de los siniestros surge cuando el vecino elige conductores más baratos o instala líneas sin técnicos matriculados. En el interior, las empresas de electricidad y gas llegan solo hasta la puerta; dentro, la seguridad depende del propietario.
Para Locuratolo, la vulnerabilidad económica impulsa a economizar materiales; sin embargo, el ahorro se vuelve ruina cuando el fuego arrasa años de esfuerzo. “Uno puede cambiar el ladrillo, pero la instalación eléctrica debe hacerla un profesional”, insistió.
El miedo a apagar un fuego eléctrico con agua multiplica el daño: el miedo, el recalentamiento y la falta de disyuntores adecuados terminan por consumir paredes, techos y mobiliario antes de que llegue Bomberos.
Desarrollo Social lanzará charlas barriales para explicar la importancia de usar cables certificados, disyuntores y térmicas correctas, y recordará que el costo de un electricista matriculado resulta mínimo frente a la pérdida total de una vivienda.




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