
El Gobierno busca destrabar la reforma política y abre el juego a nuevos acuerdos
Iván Luis
Acorralado por la cuenta regresiva del calendario y la escasez de respaldos legislativos firmes, el oficialismo enfila hacia los meses más complejos del año político con una estrategia de negociación a contrarreloj. En los despachos de la Casa Rosada asumen por lo bajo una realidad ineludible: hoy por hoy no están los votos necesarios para sacar adelante la reforma política que contempla la supresión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias de cara a los comicios del próximo año.
Conscientes de la advertencia lanzada por la Cámara Electoral sobre la urgencia de modificar las reglas antes de que expire el plazo técnico, el equipo de operadores políticos evalúa prorrogar las sesiones ordinarias para estirar una ventana de debate que, de otro modo, amenaza con quedar devorada por la vorágine de la campaña nacional y provincial.
El desafío numérico en la Cámara alta expone las dificultades de una fuerza minoritaria que depende estrictamente de los equilibrios ajenos para inclinar la balanza. Mientras el peronismo abrocha un bloque compacto de resistencia, la llave de la votación descansa en el interbloque que articula a radicales y referentes del PRO, un sector fragmentado donde conviven tanto legisladores alineados con mandatarios provinciales como actores autónomos reacios a firmar un cheque en blanco.
En paralelo al desfile de gobernadores por despachos oficiales y las tratativas que encabeza la mesa de diálogo, el armado partidario libertario comenzó a ordenar la tropa interna con una directriz clara: flexibilizar las estructuras y ensanchar la base de alianzas hacia el centro y la derecha en las distintas provincias.
La urgencia del Gobierno no responde únicamente a una ambición de ordenamiento partidario, sino también a una señal de previsibilidad que los mercados financieros y los inversores internacionales reclaman con insistencia de fondo. La incertidumbre en torno a las futuras arquitecturas electorales y las negociaciones por los armados territoriales complican el horizonte de corto plazo, obligando a la administración a recalibrar sus fichas.
Con un Presupuesto caliente por delante y la necesidad de despejar dudas sobre la sustentabilidad del programa político, la cúpula oficialista sabe que el margen de error es mínimo y que el éxito de la jugada dependerá de su capacidad para seducir a socios reticentes sin descuidar los equilibrios de poder en cada distrito.
(Con información de Infobae)


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