
"Yo fui su alumno": por qué el Cuchi Leguizamón sigue pasando de generación en generación
Ivana Chañi
Hay artistas que quedan en los discos. Otros quedan en la memoria.
Y después están los que, como el Cuchi Leguizamón, parecen seguir apareciendo cada vez que alguien toca una zamba, recuerda una ocurrencia o se acerca a un homenaje para decir una frase simple, pero enorme: “Yo fui alumno del Cuchi”.
Carlos Vargas, músico y docente, lo contó en diálogo con Aries. Desde hace años participa de los encuentros que recuerdan a Gustavo Leguizamón y reconoce que siempre ocurre algo parecido: la música empieza a sonar y, de pronto, aparecen las historias.
“Siempre se acerca gente y dice: ‘Yo fui alumno del Cuchi’, y empiezan a contar historias, anécdotas”, relató.
Son recuerdos que no están necesariamente en los libros ni en los discos. Historias de quienes compartieron una clase, una noche, una conversación o alguna de aquellas interminables reuniones con Manuel J. Castilla, Jaime Dávalos y tantos otros nombres que construyeron una parte esencial de la cultura salteña.
Por eso, para Vargas, homenajear al Cuchi también significa evitar que esas pequeñas historias desaparezcan.
Una canción distinta para cada momento
Cuando en Aries le preguntaron qué canción de Leguizamón estaba escuchando especialmente en estos días, Vargas no pudo elegir una sola.
Mencionó “La zamba del laurel” y “Me voy quedando”.
Sobre esta última recordó un dato que cambia la manera de escucharla: Leguizamón la compuso cuando ya estaba perdiendo la visión.
“Me voy quedando es cuando él ya estaba perdiendo la visión”, recordó Vargas.
La canción, entonces, deja de ser solamente una obra del repertorio folclórico. También es el registro de un momento de su vida.
Y quizás ahí esté una de las razones por las que el Cuchi todavía conmueve: sus composiciones siguen diciendo algo incluso para quienes nacieron muchos años después.
Vargas lo ve también desde la docencia.
“Creemos que siempre es bueno recordar y tenerlo presente. Es una transmisión que nosotros hacemos hacia las nuevas generaciones, y eso no se debe perder”, explicó.
Hoy sus canciones aparecen en nuevas voces, en artistas jóvenes y en las aulas donde se sigue estudiando una obra que modificó para siempre la música popular argentina.
“Es inevitable que algún profe no lo tenga en su programa”, sostuvo.
El Cuchi que casi no quedó grabado
Hay, además, algo paradójico en su historia: de un músico tan enorme quedaron relativamente pocos registros del propio Cuchi tocando.
Vargas recordó uno especialmente valioso.
A comienzos de los años 90, Leguizamón fue grabado en Alemania, solo frente a un piano. El registro quedó allí durante años.
Volver a encontrarse con el Cuchi
Tal vez por eso los homenajes a Leguizamón nunca son solamente homenajes.
Alguien canta.
Otro recuerda una frase.
Aparece un viejo alumno.
Alguien cuenta una historia que nadie había escuchado.
Y una canción escrita hace décadas vuelve a sonar como si acabara de ser compuesta.
El Cuchi no está.
Pero cada tanto, en Salta, alguien vuelve a decir “yo lo conocí”, otro empieza a tocar una zamba y, por un rato, parece que estuviera otra vez ahí.


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