
Los riesgos de usar la IA como psicólogo: advierten que puede profundizar cuadros de depresión
Ivana Chañi
El uso de inteligencia artificial como si fuera un psicólogo ya aparece en consultas profesionales y puede convertirse en un problema cuando sus respuestas validan el estado emocional de una persona en lugar de cuestionarlo.
La psicóloga Soledad Hessling contó en Vale Todo por Aries que observó pacientes que recurren a la IA para hablar de sus problemas y recibir recomendaciones. En uno de esos casos, decidió pedirle a un paciente que dejara de utilizarla como parte de su proceso terapéutico.
El riesgo de reforzar lo que siente el usuario
Hessling explicó que una inteligencia artificial puede reflejar el estado mental de quien consulta y ofrecer respuestas que suenan comprensivas y convincentes, pero que no necesariamente son adecuadas para su situación.
La especialista planteó que esto puede ser especialmente delicado ante un cuadro depresivo. Según relató sobre uno de sus pacientes, la IA “le daba cada respuesta que profundizaba mucho más [...] su proceso de depresión”.
El problema, sostuvo, aparece cuando la persona comienza a tomar esas respuestas como recomendaciones terapéuticas y deja en manos de la herramienta decisiones que requieren criterio profesional.
De pedir una respuesta a delegar decisiones
La psicóloga también advirtió sobre la posibilidad de generar una dependencia emocional con estas herramientas. La satisfacción de obtener respuestas inmediatas puede hacer que el usuario recurra cada vez más a la IA para resolver dudas, buscar aprobación o incluso decidir qué hacer.
Para Hessling, la diferencia está entre utilizar inteligencia artificial como una herramienta y permitir que reemplace procesos completos de pensamiento. “El problema no es delegar las tareas, sino empezar a delegar los procesos cognitivos enteros”, explicó.
Respuestas convincentes no significan respuestas correctas
Otro riesgo aparece por la forma en que responde la IA. Hessling señaló que las personas pueden aceptar una respuesta simplemente porque “suena bien” y está construida con un lenguaje convincente, aun cuando no sepan si la información o la recomendación es correcta.
Por eso, la especialista puso el foco en conservar el criterio propio y evitar convertir una herramienta tecnológica en sustituto de una atención profesional.


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