“Todos pensamos en la jubilación demasiado tarde”

La abogada previsional Julia Toyos planteó que el debate jubilatorio no puede reducirse a la edad de retiro o a los años de aporte. Informalidad laboral, los bajos haberes y la falta de planificación golpean directamente sobre la vejez de los argentinos.
Salta19/06/2026Ivana ChañiIvana Chañi

julia toyos 2026

La jubilación suele aparecer como una preocupación lejana, hasta que deja de serlo. Ese fue uno de los ejes que dejó este viernes la abogada previsional Julia Toyos en su habitual columna de Pelo y Barba, por Aries, donde volvió a poner en tensión una pregunta incómoda: qué vejez quiere construir cada persona y qué sistema está dispuesto a sostener el país.

“Todos tenemos que pensar en qué vejez queremos tener”, sostuvo Toyos, al advertir que muchas personas llegan a la edad jubilatoria sin haber revisado aportes, recibos, condiciones laborales ni posibilidades reales de ingreso futuro.

La especialista planteó que el problema no empieza cuando alguien cumple la edad para jubilarse, sino mucho antes: durante la vida laboral, cuando una parte del salario no tiene aportes, cuando el trabajo está en negro o cuando se naturaliza que la jubilación será un problema del futuro.

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La vejez también se planifica

Toyos marcó que el debate previsional no puede limitarse a repetir que la gente vive más o que nacen menos chicos. Para la abogada, el punto más urgente está en la informalidad laboral.

“En Argentina a mí no me preocupa la baja de natalidad ni el aumento de la expectativa de vida. Me preocupa la informalidad laboral”, afirmó.

Traducido al lector: cada trabajador no registrado es una persona que hoy queda sin aportes y que mañana necesitará algún tipo de cobertura. Esa tensión termina sobre el sistema previsional, que debe responder incluso cuando durante años no recibió los fondos correspondientes.

En ese sentido, Toyos advirtió que si una parte importante de la población trabaja en negro, el problema no es sólo laboral, sino también previsional. Menos aportes hoy significan más fragilidad mañana.

La especialista también cuestionó que se exija sustentabilidad únicamente al sistema jubilatorio, cuando otras políticas públicas, como salud o educación, se entienden como inversión social.

“La seguridad social no tiene que ser un sistema de sálvese quien pueda. Todos aportamos para que todos puedan tener una vejez más o menos digna”, sostuvo.

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El sueldo que no aporta, después no jubila

Uno de los puntos prácticos de la columna estuvo dirigido a trabajadores que tienen parte de sus ingresos fuera del salario remunerativo.

Toyos explicó que, al momento de calcular una jubilación, no se toma necesariamente todo lo que una persona cobra, sino la remuneración sobre la que efectivamente se realizaron aportes.

Por eso recomendó revisar la historia laboral, controlar qué conceptos figuran con aportes y conservar recibos de sueldo. También aconsejó a quienes están próximos a jubilarse pedir con tiempo el blanqueo de sumas no remunerativas cuando corresponda.

La advertencia es directa: si durante años una parte del salario no aportó, esa diferencia puede sentirse después en el haber jubilatorio.

Una jubilación que no alcanza

Toyos también puso el foco en el monto de los haberes. Señaló que con una jubilación que ronda los $430.000 resulta difícil hablar de una vejez digna.

El planteo conecta con una preocupación cotidiana: medicamentos, alquiler, alimentos, servicios y acompañamiento familiar pesan cada vez más sobre jubilados y pensionados.

La especialista insistió en que el país necesita discutir qué cobertura quiere garantizar, cómo financiarla y qué lugar tendrán los trabajadores formales, informales, monotributistas, autónomos y nuevas formas de empleo.

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