
Acompañar

Y no es una pregunta menor.
La Argentina está cambiando. Nacen menos chicos, vivimos más años y cada vez hay más personas mayores.
La política discute el futuro electoral, pero parece que se olvidó de discutir el futuro de la sociedad.
Y acá aparece una paradoja: hemos logrado vivir más años, pero todavía no sabemos cómo garantizar que esos años se vivan mejor.
Pensemos en algo sencillo.
Una mujer de 50 años que trabaja, tiene hijos y además debe cuidar a su mamá, que empieza a olvidarse de las cosas.
Primero se olvida dónde dejó las llaves. Después, si tomó la medicación. Un día sale de su casa y no recuerda cómo volver.
Y esa hija empieza a reorganizar toda su vida.
Falta al trabajo, duerme menos, abandona proyectos personales. Muchas veces termina enfermándose también.
Porque cuando hablamos de Alzheimer, no hablamos solamente de una enfermedad. Hablamos de familias enteras que necesitan acompañamiento.
Y acá quiero detenerme en algo: históricamente, cuidar fue una tarea que recayó sobre las mujeres.
Como si las mujeres viniéramos al mundo con un título universitario en enfermería, psicología, administración del hogar y resolución de emergencias. ¡Todo incluido y, por supuesto, sin sueldo!
Pero el cuidado no puede seguir siendo una responsabilidad individual y silenciosa.
El cuidado tiene que convertirse en una política pública.
Necesitamos hablar de prevención, diagnóstico temprano, acompañamiento familiar, capacitación y redes comunitarias.
Porque no alcanza con decir que respetamos a nuestros adultos mayores si después dejamos solas a sus familias.
Y mientras tanto, ¿qué hace la política?
Discute candidaturas, alianzas, encuestas y quién se sienta al lado de quién.
No digo que esas discusiones no importen. Pero hay una Argentina real que no puede esperar los tiempos de la política.
Una Argentina donde hay personas que no pueden trabajar porque tienen que cuidar. Donde hay adultos mayores que viven solos. Donde muchas familias no saben a quién recurrir cuando aparece un diagnóstico de Alzheimer.
Y donde envejecer, demasiadas veces, significa empezar a volverse invisible.
Una sociedad no se mide solamente por cuánto produce, cuánto crece o cuántos votos consigue un gobierno. También se mide por cómo trata a quienes necesitan ayuda.
Porque todos, absolutamente todos, alguna vez vamos a necesitar que alguien nos cuide.
La pregunta es si para entonces habremos construido una sociedad preparada para hacerlo.
La política está demasiado ocupada pensando quién va a tener el poder mañana. Tal vez sea hora de empezar a pensar quién va a cuidar de nosotros pasado mañana.







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