
El desarrollo también se aprende

Pero tener recursos, inversiones y proyectos no garantiza, por sí solo, el desarrollo de una sociedad. Una cosa es que la economía crezca. Otra es que ese crecimiento se convierta en mejores oportunidades para quienes vivimos acá.
Podemos tener grandes proyectos productivos. Pero si nuestros jóvenes no cuentan con la preparación necesaria para participar de ese proceso, muchas oportunidades van a pasar delante de ellos sin que puedan aprovecharlas.
No alcanza con pensar en las necesidades de las empresas. Hay que pensar, sobre todo, en las oportunidades de nuestros jóvenes. En el chico de la Puna que quiere estudiar y trabajar sin tener que irse. En la joven del interior que necesita una formación técnica de calidad. En los estudiantes que hoy están en la secundaria y que dentro de unos años van a encontrarse con trabajos y tecnologías que todavía se están transformando.
Para ellos tenemos que pensar la educación de los próximos años. Y eso requiere trabajar sobre tres desafíos.
El tercero es acercar la formación a las posibilidades de desarrollo de cada región. No necesita la misma oferta una comunidad de la Puna que una del Valle de Lerma o del norte provincial. La educación tiene que reconocer esas diferencias sin resignar calidad ni oportunidades.
Por eso la provincia viene trabajando fuertemente no solo en Alfabetización, o en el fortalecimiento de las Matemáticas, sino también en la educación para el trabajo, fundamentalmente a través de nuestras escuelas tecnicas; institutos de educación superior y centros de formación profesional, priorizando aquellos sectores productivos que presentan una mayor dinámica de crecimiento y demanda de perfiles técnicos, vinculados principalmente a la minería, energía y agroindutria.
Firmamos ya mas de 180 convenios con el sector privado, que permite a nuestros estudiantes acceder a practicas profesionales, donde mas de 600 alumnos hicieron pasantías en entornos reales de trabajo, pertenecientes a empresas de primer nivel o municipios; visitas didácticas, que les permite a los jóvenes estudiantes visitar laboratorios, plantas industriales y espacios productivos, como un primer acercamiento al mundo laboral, además de becas, cursos de formación laboral sobre temas específicos.
Los cambios educativos profundos no se producen de un año para el otro. Requieren planificación, continuidad e inversión. Una decisión que involucra al Estado, a las escuelas, a las familias, a las universidades y también a los sectores productivos.
El desarrollo de Salta no depende solamente de lo que tenemos bajo nuestros pies, sino también de lo que seamos capaces de construir en las aulas. El verdadero desafío no es solamente que la provincia tenga un futuro de crecimiento. Es que nuestros jóvenes tengan las herramientas para ser protagonistas de ese futuro.







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