
Cómo la contención paritaria alimentó una transferencia multimillonaria hacia el empresariado
Iván Luis
La gestión económica encabezada por el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo consolidó en los últimos meses un trasvase colosal de recursos hacia el sector empresario. Los datos oficiales reflejan que la contención de las negociaciones paritarias, combinada con un esquema de precios relativos liberados donde los servicios esenciales devoran una porción cada vez mayor de los ingresos hogareños, desató un drenaje financiero que ya supera los 6.800 millones de dólares en apenas un semestre.
El impacto de esta arquitectura económica se mide con crudeza en las cuentas nacionales. De acuerdo con los registros del Indec, la participación de la remuneración al trabajo asalariado dentro del Valor Agregado Bruto se derrumbó hasta el 42,9%, marcando un retroceso acelerado frente a los trimestres previos. En la vereda de enfrente, el excedente de explotación bruto —que consolida las ganancias de las empresas— trepó al 44,7%, cristalizando una transferencia neta superior a los 10,3 billones de pesos durante la primera mitad del año. Este desbalance macroeconómico no representa una mera abstracción contable, sino el combustible que alimenta una crisis profunda en el tejido comercial y manufacturero, donde la caída drástica del poder adquisitivo asfixia el consumo masivo y empuja a plantas enteras al borde del colapso.
Las familias argentinas se encuentran atrapadas en una pinza insostenible donde el costo de vida absorbe una proporción inédita de sus ingresos corrientes. Mientras el peso relativo de los servicios públicos en un salario formal trepó significativamente, la contracción de la actividad económica general —reflejada en desplomes históricos para el comercio minorista y la industria manufacturera— obligó a los hogares a recurrir al endeudamiento, la liquidación de ahorros o la venta de bienes personales para cubrir gastos básicos.
Al poner la lupa en una perspectiva histórica más amplia, la magnitud del retroceso adquiere dimensiones alarmantes. En comparación con los registros de la década pasada —cuando la participación de los trabajadores rozaba o superaba el 54% del producto—, la masa salarial actual se ha reducido en más de un 20% en términos relativos. Esta brecha colosal evidencia que el peso del ajuste recayó de manera desproporcionada sobre los sectores que viven de su salario, dejando al descubierto que la estabilidad macroeconómica perseguida por el oficialismo se sostiene sobre los cimientos de una drástica y regresiva redistribución de la riqueza.
(Con información de Página12)


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