Durante un mes, Salta tuvo dos gobiernos paralelos: uno en la capital y otro en La Caldera

En 1864, una disputa entre facciones de la élite salteña derivó en una crisis institucional inédita. Durante casi un mes, la provincia tuvo dos gobiernos paralelos: uno instalado en la ciudad de Salta y otro en La Caldera.
 
Sociedad09/06/2026Ivana ChañiIvana Chañi

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La historia política de Salta guarda episodios poco conocidos. Uno de ellos ocurrió en 1864, cuando una disputa por el poder entre distintas facciones de la dirigencia provincial derivó en una situación insólita: durante varias semanas coexistieron dos gobiernos que reclamaban legitimidad sobre la provincia.

El tema fue abordado por el historiador Nicolás Gana durante una columna en N&N por Aries, donde repasó la llamada “rebelión de los Uriburu”, también conocida en algunos relatos históricos como la “Uriburiada”.

La disputa por el poder

Según explicó, el conflicto se produjo en los primeros años posteriores a la consolidación del gobierno nacional de Bartolomé Mitre. En ese contexto, la familia Uriburu, que ocupaba posiciones de poder en la provincia, intentó mantener el control político cuando perdió mayoría en la Legislatura provincial.

Ante la imposibilidad de garantizar una sucesión dentro del mismo grupo familiar, se produjo una escalada de tensiones políticas que incluyó clausuras, persecuciones a opositores y finalmente una acción armada para sostener el control del gobierno provincial.

Dos gobiernos simultáneos

La situación derivó en un hecho excepcional. Mientras José Uriburu se proclamaba gobernador en la ciudad de Salta, el entonces presidente de la Legislatura, Segundo Bedoya, logró escapar junto a otros dirigentes opositores hacia La Caldera.

Desde allí constituyeron un gobierno que se consideraba legítimo de acuerdo con la Constitución provincial vigente. Durante aproximadamente un mes convivieron dos administraciones que reclamaban la conducción política de Salta.

Cómo terminó el conflicto

Con apoyo de milicias provinciales y sectores opositores a los Uriburu, el gobierno instalado en La Caldera reunió fuerzas para recuperar el control de la ciudad.

Finalmente, el presidente Bartolomé Mitre rechazó intervenir en favor de los rebeldes y reconoció a Bedoya como la autoridad legítima. Sin respaldo nacional y cada vez más aislados, los sublevados fueron derrotados en junio de 1864.

Una huella en la Plaza 9 de Julio

Como símbolo del triunfo del sector constitucional, los vencedores levantaron una pirámide en la Plaza 9 de Julio, en el lugar donde antiguamente funcionaba el histórico aljibe.

Ese monumento permaneció allí durante décadas, hasta que fue reemplazado por la estatua de Juan Antonio Álvarez de Arenales que hoy ocupa ese espacio.

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