
Estado de alerta: Rutas de la muerte y política de Estado

Hoy quiero hablar de algo que atraviesa a toda la Argentina y afecta a todos los argentinos.
No importa si sos trabajador, productor, camionero, comerciante, docente, médico o simplemente una familia que tiene que viajar.
Hoy quiero hablar de las rutas argentinas.
Porque mientras en Buenos Aires se discuten números, ajuste, déficit y teorías económicas, en el interior del país la gente circula todos los días por verdaderas rutas de la muerte.
Y esto no es una exageración.
En Salta lo vivimos permanentemente.
La Ruta Nacional 9/34, el tramo hacia Rosario de la Frontera, los corredores productivos, las rutas del norte, los accesos deteriorados, los pozos, las banquinas destruidas, la falta de iluminación y el abandono.
Y lo más grave: seguimos pagando.
Pagamos combustible con impuestos viales. Pagamos peajes, como el de Palomitas. Pagamos patentes. Pagamos seguros. Y después terminamos pagando otra vez con cubiertas rotas, vehículos destruidos o accidentes evitables.
Entonces la pregunta es muy simple:
- ¿Dónde está la inversión?
- ¿Dónde va el dinero que se recauda?
- ¿Quién controla?
¿Quién se hace responsable?
Porque acá hay algo que la Argentina tiene que empezar a discutir seriamente.
Las rutas no pueden depender del gobierno de turno.
Las rutas tienen que ser una política de Estado. Venga quien venga.
Sea un gobierno liberal, peronista, radical o de cualquier espacio político.
Porque una ruta no tiene ideología.
Una ruta conecta pueblos. Una ruta mueve producción. Una ruta salva vidas. Una ruta lleva ambulancias,
alimentos, turismo, trabajo y desarrollo.
Y cuando un país abandona su infraestructura, lo que termina abandonando es a su gente.
Hoy estamos viendo una política nacional que decidió paralizar gran parte de la obra pública.
Y una cosa es discutir corrupción, sobreprecios o controles.
Eso hay que discutirlo.
Pero otra cosa muy distinta es abandonar completamente las inversiones estratégicas.
Porque ningún país serio del mundo crece destruyendo infraestructura.
Estados Unidos invierte. Brasil invierte. China invierte. Europa invierte.
Todos entienden algo básico:
- sin conectividad no hay crecimiento.
- sin logística no hay competitividad.
- y sin rutas no hay desarrollo federal.
El interior argentino produce, trabaja, transporta y sostiene gran parte de la economía nacional.
Pero después parece que el interior solamente existe para recaudar impuestos.
Y cuando llega el momento de invertir, las obras se frenan, los corredores quedan abandonados y la inseguridad vial aumenta.
Por eso hoy el estado de alerta tiene sentido.
Porque no estamos hablando solamente de pozos.
Estamos hablando de:
* vidas,
* trabajo,
* producción,
* y futuro.
La Argentina necesita un gran acuerdo nacional sobre infraestructura.
Un acuerdo que dure décadas.
Que garantice mantenimiento, inversión, controles, transparencia y planificación federal.
Porque no puede ser que cada cambio de gobierno implique empezar de cero, paralizar obras, abandonar proyectos o destruir lo anterior.
Las rutas tienen que transformarse en una verdadera política de Estado.
Como la educación. Como la salud. Como la energía.
Porque un país aislado, sin conectividad y con rutas destruidas, es un país que se condena al atraso.
Y el interior ya está cansado de esperar. Cansado de pagar. Cansado de los discursos. Cansado del abandono.
Por eso hoy más que nunca hay que defender:
- la inversión,
- la infraestructura,
- la seguridad vial,
- y el federalismo real.
Porque las rutas no son un gasto. Son el camino por donde circula la vida de un país.
Y cuando se abandona ese camino, lo que se termina perdiendo es el futuro de todos los argentinos.







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