
Recomendación

El balance de algunos de los que se fueron fue altamente negativo para la gestión de la intendenta Bettina Romero y no hubo autocrítica.
La renovación legislativa es un momento de trascendencia si se tiene en cuenta la representatividad de los cuerpos deliberativos. La nueva integración da cuenta –de alguna manera- de la apreciación ciudadana sobre el Gobierno y para el caso de los que fueron por su reelección, una valoración ajustada de su actuación.
La cuestionada gestión del Ejecutivo municipal logró mejorar su posición dentro del Concejo porque la mayor parte de los electos salió de una alianza que apoyó la jefa comunal. La dinámica política determinará cuál será el comportamiento que sostendrán en los próximos dos años, atento a que la banca pertenece al que ya fue proclamado luego de las elecciones de agosto pasado.
El resultado electoral no desmereció los cuestionamientos que se sostuvieron hasta el final y se justificaron en la ruptura de un vínculo que necesariamente debiera sostenerse entre los dos órganos del gobierno comunal. El insistente reclamo de diálogo no tuvo eco y también fue mezquina la respuesta a los permanentes pedidos de informes. Las convocatorias a reuniones plenarias con fines informativos tampoco fueron conducentes y la tarea asignada a interlocutores validados por su prestigio político, no fue lo fructífero que era menester.
Solo las segundas líneas del Departamento Ejecutivo tuvieron algún tipo de reconocimiento pero en casos muy aislados. Ese relato no debe ser ignorado por los que toman la posta en el cuerpo porque hay obligaciones que la Intendenta Municipal debe cumplir y facultades que el Concejo debe ejecutar para dar cumplimiento al mandato otorgado por sus representados, los vecinos.
La síntesis de una relación difícil de dos años quedó expresada en una resolución que el cuerpo aprobó en la sesión del miércoles, que propone mejoras en la planificación de las ciclovías de la ciudad. Es una obra emblemática que describe un modelo de gestión verticalista, sin participación social, que hasta el momento no ha dado señales de su utilidad. A cargo de un importante grupo de concejales quedó el planteo de los perjuicios pero también el reconocimiento por parte de otros que en los últimos tiempos ha mejorado la relación entre los dos estamentos del gobierno municipal. “Se abandonó el autoritarismo”, dijo el concejal Santiago Alurralde, un saencista que dejó su banca.
La necesidad de atender la opinión vecinal, que se expresa a través de sus representantes, ha quedado expresa al cabo de esta primera mitad de la gestión de Bettina Romero. Hay, además, otros recursos institucionales para no dejar de lado la demanda social para marcar prioridades.
La recomendación cabe a todos los gobiernos. Dar por sentado que un resultado electoral habilita a quienes circunstancialmente ocupan una posición de poder político, a ejecutar su voluntad en nombre de un proyecto que se va construyendo sobre la marcha, daña la democracia.
Salta, 02 de diciembre de 2021








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