Tarea

Opinion 31 de diciembre de 2019
Cierra este martes uno de los años políticos más intensos desde el retorno a la democracia para los salteños. Sin embargo, lo que viene puede poner un condimento que le dé a 2020 características similares aunque de significación diferente.
2020

Que el que termina haya tenido esa intensidad obedece a que 2019 fue un período electoral muy activo, con cuatro elecciones para integrar los gobiernos nacional, provincial y municipales. Pero, especialmente, tuvo que ver con el hecho que la reforma constitucional de 2003 habilitó tres períodos para los gobernadores, que se suman a las reelecciones sin límites en los Ejecutivos municipales. De esa manera, la repetición de mandatos se ha naturalizado y pareciera que si no se llega a los extremos permitidos el que fracasa es el sistema institucional. Y a todas luces, las demoradas renovaciones están generando hartazgo ciudadano.

Se ha insistido  en marcar que este año electoral se ha caracterizado por cambios obligados, como el ocurrido en el gobierno provincial por cuanto el mandatario en funciones había agotado las tres posibilidades permitidas por la Constitución. Pero cerca de la mitad de las intendencias también cambiaron de mano, pese a las pretensiones de continuidad de los intendentes en ejercicio. Una excepción fue la Capital, en la que el titular del Ejecutivo aprovechó la popularidad de un gobierno activo en materia de obras y eficiente en servicios, para apostar a un ascenso en la carrera política. Estos cambios significativos se sumaron al ocurrido en la Nación, consecuencia del fracaso de la reelección del candidato oficialista.

Es así que en el último mes del año, el ciudadano capitalino vio emerger tres nuevos gobiernos que no son del mismo palo político. Desde el arranque, sendas gestiones tienen una tarea compleja atento a la situación de crisis por las que atraviesa el país, a las dificultades que tiene una provincia pobre y al necesario impacto en el gobierno de base, que es el municipal. 

Lo que es razón para la preocupación también lo es para la esperanza. Aún una tarea con escaso talento político puede resultar en una mejora si hay transparencia, honestidad, intenso trabajo para resolver problemas y voluntad para postergar intereses de grupos que suelen interferir con frecuencia en acciones de gobierno.

El que viene será otro año con fuerte carga política. Es que hay quienes están empeñados desde el oficialismo en que se cumpla uno de los compromisos electorales del gobernador Gustavo Sáenz. Casi desde el arranque de la campaña electoral, se planteó el propósito de avanzar en una reforma constitucional, la cuarta desde 1983. El senador de Salta tiene Futuro, Guillermo Durand Cornejo, anticipó que será la cuestión política sobresaliente del año que está llegando.

El propio legislador ha tomado esa bandera y reveló que ya se encuentra trabajando en la materia, en el entendimiento que es una tarea compleja que exigirá dedicación de parte del Senado provincial. Precisamente corresponde que la Legislatura declare la necesidad de la reforma y determine en qué aspectos procederá la misma.

A este momento y con un intento que no se concretó en una definición que motive la apertura del tratamiento legislativo, la reforma constitucional apunta a la extensión de mandatos, especialmente para limitar a aquellos que no tienen tope. Pero hay falencias de carácter institucional que se buscará corregir cambiando el ordenamiento constitucional. 

El nuevo año no ha llegado pero ya tiene tarea.

Salta, 31 de diciembre de 2019

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