Macron acusa a la ultraizquierda de buscar el colapso institucional a seis meses de las urnas

En medio de disturbios que jaquean al gobierno, el presidente francés endurece el pulso contra el líder radical Jean-Luc Mélenchon.
El Mundo22/10/2026Iván LuisIván Luis

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Francia transita una tensa calma sobre el asfalto enfriado por los gases lacrimógenos, mientras el presidente Emmanuel Macron endurece el pulso político y acusa abiertamente a sectores de la ultraizquierda de orquestar una ofensiva para "hacer caer la República". A apenas seis meses de unas elecciones presidenciales tan decisivas como fragmentadas, el mandatario busca frenar una espiral de violencia callejera que la semana pasada desbordó el cordón policial y dejó al descubierto las costuras de los servicios de inteligencia, incapaces de anticipar el alcance de las movilizaciones.

Ante la sombra de una nueva marea de protestas convocada para el próximo fin de semana, el Ejecutivo optó por una estrategia de mano dura combinada con pragmatismo táctico. Las autoridades impusieron toques de queda parciales en urbes clave como París y Lyon, al tiempo que advirtieron que solo se tolerarán aquellas marchas que cuenten con trazados controlados y el aval sindical, descartando de plano las peticiones de colectivos considerados sin legitimidad. "No es el momento, porque queremos un regreso a la calma", sentenció el jefe de Estado tras una cumbre de emergencia en el Palacio del Elíseo.

En el epicentro de la tormenta política se encuentra Jean-Luc Mélenchon y su partido, Francia Insumisa, señalados por la administración central de alimentar deliberadamente un clima insurreccional. Mientras el primer ministro, Sébastien Lecornu, se apresta a mantener una ronda de diálogo con los líderes partidarios para contener el descontento, los reproches cruzados escalan sin tregua. Desde el oficialismo tachan de cínica la retórica de la izquierda radical, mientras que el sector de Mélenchon contraataca al denunciar que el poder político desoye las demandas estructurales de los sectores más castigados por la crisis.

El temblor político no tardó en reconfigurar el tablero institucional, atrayendo reacciones severas de todo el arco ideológico. Desde el Senado, la presidencia de la cámara alta deslizó la posibilidad de evaluar la ilegalización de la formación izquierdista, en sintonía con los señalamientos de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, que capitaliza el desorden para agitar su discurso de seguridad y orden. Lejos de apaciguarse, el debate público se ha convertido en un campo minado donde cada bloque busca rentabilizar el malestar ciudadano de cara a la contienda electoral del próximo año.

Con la mira puesta en las nuevas convocatorias y el fantasma de una huelga general en el horizonte cercano, el Estado francés prepara una demostración de fuerza sin precedentes para contener los próximos días. El Ministerio del Interior confirmó un incremento sustancial en el despliegue operativo, que incluirá vehículos blindados, unidades de élite de la Gendarmería y el patrullaje de la misión militar Sentinelle en los puntos más vulnerables del país, mientras las autoridades locales endurecen las prohibiciones de manifestar en zonas comerciales pese a las denuncias de la oposición por un presunto cercenamiento de las libertades públicas.

(Con información de Ámbito)

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