
El show debe continuar… aunque el barco se hunda

Es un chiste. Un mamarracho. Ya lo dije de entrada, y lo repito después de ver lo que pasó anoche con el presidente y su equipo de gobierno. Fue una actuación, un número circense. Les falta buscar un burro y pueden salir de gira por el interior, como aquellos circos de antes. Vergüenza ajena, eso es lo que sentimos muchos que todavía esperamos tener un presidente serio, alguien capaz de sacar este país adelante. Pero no: lo de anoche fue eso, un mamarracho.
La escena me recordó al Titanic, cuando los músicos seguían tocando mientras el barco se hundía. Una imagen perfecta de lo que estamos viviendo.
Confieso que, a veces, cuando hago estos comentarios, me da miedo equivocarme, porque sé que hay gente que realmente ovacionó al presidente. Fueron 14 o 15 mil personas en el estadio, la mayoría jóvenes, algunos gritando “¡te amo!”. Es decir, un artista con todo pago, llenando un estadio. Porque eso fue: un espectáculo.
Ahora bien, ¿cuánto costó ese show? Se habla de un millón de dólares. ¿Y quién lo pagó? ¿De dónde salió ese dinero? Nadie lo sabe. Pero todo apunta a que lo pagamos nosotros. Porque las entradas no se vendían: se retiraban gratis, previa acreditación por redes sociales. Y si nadie pagó para entrar, alguien tuvo que poner la plata.
Entonces, ¿cómo no preguntarse de dónde sale la relación entre el presidente y José Luis Espert? Se conocieron cuando los dos buscaban llegar al poder, con hambre, literalmente. Y Espert ya tenía un “sponsor”: nada menos que un empresario hoy detenido y con pedido de extradición a Estados Unidos por narcotráfico. Porque, claro, para una campaña presidencial hace falta un camión de dólares.
Cuando Espert se cae, aparece Milei, y –según se dice– le hereda ese “sponsor”. Y, curiosamente, cuando lanza su candidatura, el propio Milei declara que “no importa de dónde venga la plata, mientras vengan dólares a la Argentina”. Se lo dijo sin sonrojarse a un periodista que le preguntó si aceptaría dinero del narcotráfico o del lavado.
Ahí empieza a cerrar el círculo: la defensa de Milei hacia Espert, la protección, la lealtad. Porque el hombre que le trajo la plata no se traiciona. Y mientras tanto, el país en manos de gente que juega a ser rockstar.
A todo esto, ¿dónde está Caputo, el pedigüeño? Hace días en Estados Unidos, pidiendo plata al Fondo Monetario, mientras acá el presidente monta un recital con luces, pantallas y puesta en escena. El mismo presidente que repite, una y otra vez, que “no hay plata”.
Entonces, ¿quién pagó todo eso? Porque si no fue el Estado, ¿quién financió el espectáculo de un millón de dólares? Y si fue el Estado, ¿con qué cara le piden sacrificio a la gente que no llega a fin de mes?
Mientras el ministro ruega dólares y el país se achica, el presidente pierde un día entero ensayando sonido, haciendo pruebas. El barco se hunde, pero los músicos siguen tocando.
Tenemos un gran país, pero lo que no tenemos es quien lo conduzca con responsabilidad. Si esto sigue así, el final del espectáculo no será con aplausos, sino con el telón cayendo sobre un escenario vacío.







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