Una sociedad desconcertada

Opinion 21 de junio de 2022 Por Jorge Oscar Folloni
En otra prueba cabal de lo errática y desconcertante que es la política exterior que lleva a cabo nuestro gobierno, pudimos ver con sorpresa y pena a la vez, como nuestro presidente, exponiendo ante todos los mandatarios de los diversos países de América, en la cumbre llevada a cabo en la ciudad de Los Ángeles, en lugar de aprovechar ese importante escenario, para manifestar en representación de uno de los tres países más importantes de Latinoamérica, las razones por las cuales los Estados Unidos, deberían considerar con mayor atención a esta importante región, para volcar hacia ella esfuerzos serios y decididos para favorecer nuestro desarrollo económico y mejora social, desperdició lamentablemente esa valiosa oportunidad, empleándola en defender a las tres dictaduras que aún subsisten en el continente.
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Se trata precisamente de Cuba, Nicaragua y Venezuela, autocracias que no sólo han vulnerado los principios republicanos y democráticos de gobierno, sino que han incurrido además, en un sinnúmero de violaciones a los derechos  humanos, tales como la proscripción ilegítima de partidos y líderes de la oposición, a muchos de los cuales han sometido  arbitraria e injustificablemente a la privación de su libertad, como así también a brutales represiones por parte de sus fuerzas de seguridad contra ciudadanos que protestaban de modo pacífico, muchos de los cuales figuran como desaparecidos.

Todo esto, sumado a la existencia de numerosas ejecuciones y abusos sexuales, ha sido denunciado documentadamente ante las Naciones Unidas, por la ex presidenta de Chile y prestigiosa dirigente de izquierda Michelle Bachellet.

Iguales recriminaciones dirigidas contra el régimen imperante en Nicaragua, ha formulado públicamente, el ex presidente de Uruguay Pepe Mujica.

Se trata además, de un asunto ajeno por completo a nuestro interés nacional y una postura que no comparte la gran mayoría de los  argentinos.

Sin embargo Alberto Fernández, con la sobreactuación propia de un converso como lo es él, ya que siempre fue una persona de derecha, asume ahora ese deslucido papel, es de suponer, con el solo propósito de congraciarse con Cristina.

Otra prueba cabal de lo improvisada y errática de la conducción de nuestra cancillería, lo da el hecho de que cuando todos los principales países del mundo, estaban ya advertidos de la inminencia de una posible invasión de Rusia a Ucrania, Alberto nos sometió a la humillación, luego de congratularse de poder por fin mirar a los ojos al autócrata Putin y ante la sonrisa irónica de éste, de ofrecernos como país portero, para posibilitar la introducción rusa en Latinoamérica.

Tras todo esto, aparece la serie de confusiones y contradicciones entre distintas áreas del gobierno, respecto a las circunstancias y los detalles concernientes al misterioso avión venezolano con numerosa tripulación iraní, que apareció en el aeropuerto de Ezeiza, todo lo cual resulta sumamente extraño.

A muchos días de iniciado este incidente, aún no se ha explicado de modo creíble, cuál fue el propósito del arribo de esta aeronave, por qué contaba con una cantidad excesiva de tripulantes, como así también, cual fue la razón de que la policía aeronáutica presionara a las empresas proveedoras, a que se les suministrara combustible, a fin de apurar su partida y si quien piloteaba la aeronave es efectivamente un alto mando de las fuerzas terroristas iraníes o un homónimo, tal como asegura sin prueba alguna, el Ministro  de Seguridad Aníbal Fernández.

Todo esto, ocurre en el único país de Latinoamérica, que ha sufrido en un lapso de solo dos años, terribles atentados terroristas, imputados por nuestra Justicia a fuerzas especiales iraníes y que produjeron decenas de argentinos muertos y la devastación de la Embajada de Israel y del edificio de la AMIA.

Todo esto, obliga a nuestro gobierno, a poner celeridad y transparencia en la investigación, que sin embargo, es lo que falta en este bochornoso  episodio.

Pero si algo faltaba para completar todo este cuadro, que adquiere características de sainete, el Presidente Fernández, con la incoherencia en sus dichos que lo caracteriza, nos hace saber que la inflación no es un problema solo nuestro, sino que debemos acostumbrarnos a convivir con ella, ya que ahora afecta también, nada menos que a los Estados Unidos.

Pretende que ignoremos que mientras a los norteamericanos, los afecta una inflación del ocho por ciento anual, la nuestra es de casi el seis por ciento mensual y de  más del setenta por ciento anual.

Se trata de la inflación más alta que padecimos en los últimos treinta años, mientras que Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil tienen una inflación anual menor al diez por ciento.

Con todo este cuadro de situación, no debe sorprendernos el nivel de desconcierto que padece nuestra sociedad.

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