La denuncia de las carmelitas de salta marcará un hito en la historia de las luchas por los derechos de las mujeres

Opinion 28 de abril de 2022 Por Natalia Buira
Todos sabemos que las hermanas de clausura, carmelitas descalzas, del Convento de San Bernardo denunciaron en la justicia ordinaria provincial al arzobispo de Salta, Mario Cargnello por violencia de género, malos tratos, violencia psicológica y por cortarles los recursos económicos.
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La Sra. Jueza interviniente dispuso inmediatamente con muy buen criterio que los denunciados no se pueden acercar al Convento y también custodia policial fija. El día 3 de mayo el arzobispo de Salta debe presentarse a declarar a los Tribunales.

En este episodio –nos dice el periodista y analista Carlos Pagni- se cruzaron la fe religiosa, la vida contemplativa, la mística dentro de la religión y dentro del cristianismo con la lucha por los derechos de la mujer, la lucha por la emancipación de género. 

Desde hace 32 años en Salta emergió una nueva devoción  hacia la Virgen que es conocida bajo la advocación de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, conocida popularmente como la Virgen del Cerro. En los 90 surge esta devoción que contó con el apoyo del anterior arzobispo de Salta Monseñor Moisés Julio Blanchoud quien autorizó la publicación del libro  con los mensajes que la Virgen le daba a la Sra. María Livia Galliano, esta autorización fue otorgada por la autoridad eclesiástica el 30 de octubre de 1997. 

Mucha gente tiene fe en la Virgen del Cerro gente angustiada, enferma, que está pasando por duros momentos  se pone al amparo de esta devoción. Las hermanas carmelitas creen en esta devoción y el arzobispo no solo no cree sino que combate dicha devoción en una posición diametralmente opuesta a su predecesor.

Es así que se llegó a tal nivel de violencia de parte de la actual autoridad arzobispal que las hermanas de clausura bajo la dirección de la priora María Fátima del Espíritu Santo tuvieron que denunciar al arzobispo ante la justicia ordinaria, también al visitador obispo Martín de Elizalde y al sacerdote de la Catedral Lucio Ajalla.

 Todas las mujeres que hemos vivido violencia de género sabemos que solamente denunciamos cuando no queda otra salida para proteger nuestra integridad psicofísica, cuando no fuimos escuchadas por las instancias que debieron escucharnos y dichas instancias no hicieron cesar de inmediato los malos tratos y la violencia psicológica o sus otras formas y modalidades. Y esto mismo les pasó a las hermanas carmelitas que sí habían denunciado los malos tratos ante la Santa Sede pero nunca llegó la protección  esperada, la Santa Sede hizo oídos sordos a los reclamos de las hermanas carmelitas.

La fundadora de la orden de las Carmelitas Descalzas en su rama femenina y también masculina en el siglo XVI fue Santa Teresa de Ávila, una monja valiente que también vivió los embates de las autoridades eclesiásticas de su tiempo. El espíritu teresiano sigue vivo en las carmelitas de la Salta del siglo XXI.

 Pasemos a ver cómo reaccionaron las autoridades eclesiásticas de Salta frente a esta denuncia. En primer lugar como era de suponer la corporación masculina eclesial se abroqueló defendiendo a su líder el arzobispo de Salta, y emitieron todos los sacerdotes- el presbiterio de Salta- un comunicado de aval, apoyo y adhesión a monseñor Cargnello, sea por espíritu corporativo sea por temor a ser destinados como párrocos en parajes inhóspitos.

 Pero no fue suficiente este abroquelamiento de los presbíteros en apoyo de su líder sino que había que castigar la “osadía”, el “atrevimiento”, el “desacato” de haber pretendido las hermanas carmelitas protegerse en su integridad psicofísica de la violencia de quien tiene el máximo poder eclesial en Salta. Ese castigo y el doloroso disciplinamiento llegó en la prohibición de involucrarse en nada relacionado con  la obra de la Virgen del Cerro, así se expresa en el Informe de la Nunciatura Apostólica de Buenos Aires claro está sin hacer mención alguna a la denuncia por violencia de género contra el arzobispo de Salta y contra el visitador apostólico Martín de Elizalde.   

Así funciona lamentablemente el patriarcado, es de manual puro, y el patriarcado eclesial no va a ser la excepción sino que confirma la regla: cuando las mujeres denuncian violencia de género para proteger su integridad psicofísica porque no les ha quedado otro camino y porque no fueron escuchadas oportunamente se las debe “disciplinar” para que no vuelvan a osar denunciar a los hombres y ese disciplinamiento lo proporcionan en este caso la corporación de los hombres presbíteros apoyando a su líder, así  la corporación masculina eclesial se abroquela para continuar sometiendo a las mujeres de la Iglesia y en la Iglesia.

 La Iglesia de Salta tendrá que repensar el papel de la mujer en la Iglesia, mientras tanto el movimiento de mujeres de Salta espera que los denunciados no tengan un trato preferencial en el Poder Judicial, por la íntima vinculación existente entre el altar y el trono por estos tiempos y en estas tierras.

 

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