El voto pensado

Opinion 04 de noviembre de 2019 Por
Hay quienes creen que el voto pensado no existe. Son los mismos que creen que los votantes, sobre todo los que componen las mayorías, no piensan.
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Lo verdadero es que el voto pensado existe en todos los estamentos sociales, en cualquier momento y sobre diferentes circunstancias. Sólo los manipuladores o los extorsionadores, de distintos rubros y metodologías, siguen creyendo que el voto pensado no existe. 

En La Nación se publicó, hace unos días, una opinión de uno de sus comentaristas estrellas acerca del resultado de las elecciones Generales nacionales, me refiero a Jorge Fernández Díaz, que intentó justificar el triunfo de Alberto y Cristina diciendo que “el masoquismo y la amnesia, también son derechos humanos”. Con esto manifestó, con meridiana claridad, que el voto ganador fue un voto sólo explicable desde el derecho humano a no pensar e, incluso, flagelarse.

Esos votos son de enfermos mentales, quiso decir.  No creer en la posibilidad, a cada hora más comprobada, que muchos votantes de Gustavo Sáenz están dispuestos a votarlo como Gobernador, en el distrito del municipio Capital, junto al candidato a Intendente del Frente de Todos David Leiva, es una demostración de que hay demasiados que siguen sin creer en la posibilidad del voto pensado.

Hubo muchos peronistas y muchos no peronistas que votaron a Sáenz en las PASO, muchos de ellos son, también, antiromeristas. Hoy esos están repensando su voto para la intendencia capitalina y lo hacen tanto desde el convencimiento doctrinario como para evitar el retorno al Poder de Juan Carlos Romero, cuestión que entusiasma a quienes, como es el caso de Ángel Torres, ya lo pronostican de manera desembozada y pública.

En abril Torres afirmaba que el próximo gobernador debía ser  Fernando Yarade, ahora después de las PASO se despachó con  que “Romero pasa a ser el mayor referente interno y externo de la provincia de Salta”.  La idea de Romero y de Torres es el “caballo de Troya” que significaría el triunfo de Bettina Romero en la Intendencia de Salta. La duda de los peronistas que votaron a Sáenz y acompañaron con el voto de Bettina fue, mientras festejaron los resultados cantando La Marchita, que el macrismo puro que representa el romerismo no los tendrá en cuenta y que ese macrismo “va por Saénz”, a quien quieren utilizar por 4 años y hostilizar desde el segundo de esos años, para que Bettina repita el ciclo de escalar peldaños cada dos años con el sostenimiento  del poder particular del romerismo y el presupuesto del Estado, municipal en este caso, provincial mientras tanto, nacional ahora y desde diciembre desde el Senado Nacional.

Ese romerismo sueña con la complicidad funcional y equivocada del peronismo local y nacional. Entienden que si gana Saénz podrán, en primera instancia, sustentarse en la actitud crítica del peronismo local hacia él. Por otro lado, los peronistas y los no peronistas que votan por Saénz, están sopesando la mejor oportunidad para el actual Intendente, si es que ese lugar que hoy él ocupa, sea ganado por alguien que se convierta en un puente para la unidad peronista y no una amenaza desde el romerismo, habido de Poder, que quiere volver a la Gobernación.

Para los que votaron a Saénz y desean seguir votándolo, el acompañamiento de Leiva como Intendente es una estrategia tentadora. Pensemos que ese voto, en el caso de Leiva, se sumaría al voto natural de David junto al voto hacia Sergio Leavy.

El romerismo se ha manifestado arrebatado y ansioso, se olvidaron del voto peronista de Saénz y del voto también  prestado  a Alfredo Olmedo en las PASO que ya tiene característica de voto “no útil”. En tanto, el peronismo, sobre todo en este tiempo, tiende a la UNIDAD y el no peronismo antiromerista no desea un paso atrás. El voto pensado puede ser el “carro en movimiento que acomode los melones”.

Los que votaron a Alberto y Cristina tienen una gran oportunidad en Leiva, ya sea votándolo junto a Leavy, como lo han hecho, o junto a Saénz como podrán hacerlo el próximo domingo. Una Salta Nueva es posible.

Jorge Villazón, para Diario Punto Uno

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