
Un pueblo que camina

Algunos recorren unos pocos kilómetros. Otros bajan de la Puna, atraviesan los Valles o vienen desde el Chaco salteño. Hay quienes caminan casi seiscientos kilómetros, durante días, para llegar a la Catedral.
En 2026, con todo un mundo de comodidad, miles de salteños siguen eligiendo el camino de su fe.
Vivimos en una época que intenta ahorrarnos cualquier esfuerzo. Queremos llegar más rápido, esperar menos y resolverlo todo desde una pantalla. Cada septiembre, miles de salteños hacen exactamente lo contrario: eligen el camino largo. Caminan con frío, con calor, cansados, con los pies lastimados. Duermen donde pueden y al día siguiente vuelven a levantarse.
Lo hacen porque una promesa no se delega.
Algunos caminan para agradecer. Otros para pedir por un hijo, por un enfermo, por trabajo o por alguien que ya no está. Hay quienes ni siquiera pueden explicar del todo por qué necesitan hacerlo. Pero todos tienen algo en común: saben hacia dónde van.
Y ahí está una de las enseñanzas más claras del peregrino. No alcanza con moverse para avanzar. Hay que saber hacia dónde.







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