
Milagro: vecinos de Villa San Antonio se preparan para recibir a los peregrinos

A pocos días de la llegada masiva de peregrinos por la festividad del Señor y la Virgen del Milagro, Vecinos Unidos por la Fe, de Villa San Antonio, ultima los preparativos para recibir a los grupos que ingresarán a la ciudad desde la zona sur.
En Agenda Abierta por Aries, Ana María Poce, Jenny Barrios y Pablo Alancay contaron que la iniciativa lleva 12 años y nació a partir de vecinos que comenzaron colaborando espontáneamente con quienes pasaban por el barrio. Con el tiempo, la propuesta creció hasta convertirse en un punto tradicional de bienvenida para peregrinos de los Valles Calchaquíes, Valle de Lerma, Quebrada del Toro, La Puna y otras localidades.
El grupo se prepara especialmente para acompañar a quienes llegan después de recorrer las mayores distancias. “Nuestro esfuerzo más que nada es esperar a los de La Puna, porque son los que hacen el tránsito mucho más largo”, explicaron. Allí ofrecen agua, gelatina, pan y golosinas, pero también música y canciones religiosas para alentarlos cuando encaran los últimos kilómetros hacia la Catedral.
La actividad fuerte comenzará el 14 de septiembre, cuando los vecinos se instalarán desde temprano y permanecerán durante toda la jornada hasta el paso del último contingente. Además, ornamentarán el sector con banderines, imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, pasacalles y un espacio con sonido para recibir a cada grupo.
Para sostener el recibimiento todavía necesitan agua, golosinas y medias de toalla, estas últimas destinadas especialmente a peregrinos que llegan con los pies afectados después de varios días de caminata. Los integrantes destacaron que todo el trabajo se realiza “a pulmón”, con aportes de vecinos, empresas y personas que acercan donaciones durante las jornadas previas.
Pero detrás de la organización también existe una experiencia profundamente ligada a la fe. Los integrantes del grupo describieron la emoción que genera ver ingresar a los peregrinos después de atravesar enormes distancias y condiciones climáticas adversas.
“Es una fe que no se termina, es inquebrantable”, expresó Alancay. Contó que, cuando pasa el último grupo y termina el recibimiento, queda entre los vecinos una sensación de “misión cumplida”, acompañada muchas veces por abrazos y lágrimas de emoción.
Así, mientras miles caminan hacia la Catedral para renovar el Pacto de Fidelidad, en distintos barrios de Salta otras comunidades también viven su propio Milagro: esperando, asistiendo y acompañando a quienes están a punto de llegar.






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