
La exactitud matemática

Desde esta columna en años anteriores hemos señalado la necesidad argentina de darle más y mejor cabida a la enseñanza de las matemáticas en la educación.
Repetidas veces hemos puesto de relieve que nuestra cultura arrastra históricamente una falta de aprecio por el rigor y la exactitud matemática.
Por ello vemos con buenos ojos que exista un giro en este sentido y que en la educación primaria se esté dando más lugar a las matemáticas.
Obviamente, esperamos que este rumbo sea mantenido en el tiempo y que progresivamente muestre sus efectos positivos.
En cambio, no vemos con buenos ojos, ni escuchamos con buenos oídos, los relatos que describen la realidad y su marcha con lo que se llama la “matemática creativa”.
Una “matemática creativa” es un uso de la matemática que no respeta su rigor ni su exactitud, es decir, no es auténticamente matemática. No refleja adecuadamente la realidad cuantitativa ni sirve para ello.
En los campos políticos los relatos a cargo de los llamados miembros de la casta, con mayoritaria frecuencia de formación profesional en la abogacía o en alguna otra de las ciencias sociales, daba lugar al uso de conceptos genéricos, discutibles en el campo de la teoría política o de la retórica social.
Se pensaba, en cambio, que la aparición en esos campos de hombres ajenos al mundo político tradicional y, sobre todo, formados en la economía o la ingeniería, traería mayor seriedad en los relatos.
¡Vana ilusión! Se nota que el acceso a la vida política y a los cargos es más fuerte que la formación profesional y que los intereses de esa actividad modifican los usos del razonamiento y del lenguaje.
Así vemos cómo hizo su aparición esta novedad de los relatos con “matemática creativa”.
A los ciudadanos de a pie nos queda no dejarnos confundir por esos relatos engañosos, prestar atención a lo que se dice o escribe y desmontar las falacias discursivas, para no tragarnos gato por liebre.
Esperamos que el estilo matemático que ese está proporcionando a los niños, también se haga lugar en los adultos, sobre todo si, por profesión y responsabilidad social, están obligados a ello.











