China reveló un plan para atacar portaaviones de EEUU a 3.000 kilómetros

Durante años, EEUU consideró que el repliegue de sus portaaviones hacia bases alejadas del continente asiático era suficiente para mantenerlos fuera de alcance.
El Mundo14/07/2026

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Según un análisis publicado por Escenario Mundial, un equipo encabezado por el profesor Gao Tianyun, de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa, diseñó una estrategia que permitiría atacar grupos navales estadounidenses a unos 3.000 kilómetros de distancia.

La propuesta fue publicada en la revista especializada Tactical Missile Technology y describe una operación escalonada destinada a neutralizar las defensas de los portaaviones antes del ataque principal.

Cómo sería el ataque diseñado por China

Hasta el momento, la Marina de Estados Unidos apostó por el denominado Concepto de Operaciones Marítimas Distribuidas (DMO, por sus siglas en inglés), una estrategia que dispersa las fuerzas navales para reducir su vulnerabilidad frente a ataques masivos.

Gracias a ese esquema, bases del Pacífico, como Guam, pasaron a desempeñar un papel clave al mantenerse fuera del alcance de gran parte de los misiles balísticos, hipersónicos y de crucero desarrollados por China.

Sin embargo, el estudio chino plantea un mecanismo diferente para romper ese equilibrio. De acuerdo con Escenario Mundial, el primer paso consistiría en un ataque sorpresa ejecutado por submarinos, que lanzarían proyectiles hipersónicos contra los destructores equipados con el sistema Aegis, encargados de proteger a los portaaviones.

El propósito sería abrir una brecha en el anillo defensivo de mediano alcance y dejar expuesto al buque principal frente a una ofensiva posterior.

Drones, misiles e inteligencia artificial

Una vez debilitada la defensa inicial, el plan contempla una segunda fase basada en un ataque multidireccional. Según el artículo, China combinaría drones señuelo de bajo costo, misiles de crucero económicos y proyectiles furtivos subsónicos capaces de desplazarse a muy baja altura sobre el mar para complicar la detección.

Uno de los aspectos más innovadores del sistema sería la utilización de un mecanismo denominado "líder-seguidor", mediante el cual un misil explorador transmitiría información en tiempo real al resto de los proyectiles.

Ese intercambio de datos permitiría modificar la trayectoria del enjambre durante el vuelo, incluso si el misil que lidera la operación fuera destruido.

No obstante, Escenario Mundial advirtió que el funcionamiento de ese sistema depende de una compleja red de sensores y comunicaciones que debería mantenerse operativa durante miles de kilómetros para localizar un objetivo en movimiento.

La respuesta que prepara EEUU

El informe también señala que Estados Unidos podría responder mediante herramientas de guerra electrónica y ciberataques, con el objetivo de interrumpir las comunicaciones del sistema chino.

Sin embargo, el desarrollo de las denominadas arquitecturas kill-web busca precisamente reducir esa vulnerabilidad. Ese modelo integra de forma dinámica plataformas desplegadas en tierra, mar, aire y espacio, permitiendo reorganizar automáticamente la red si alguno de sus componentes resulta afectado.

Además, la incorporación de inteligencia artificial permitiría que los misiles continúen operando aun cuando pierdan contacto con el centro de mando.

Según explicó Escenario Mundial, estos sistemas podrían navegar sin GPS, identificar objetivos de manera autónoma y eliminar la dependencia permanente de un operador humano. La Marina estadounidense ya analiza las implicancias del estudio difundido desde China y trabaja en una nueva arquitectura defensiva basada en sistemas no tripulados.

El proyecto contempla desplegar una primera línea formada por buques medianos no tripulados (MUSV) dedicados a la detección temprana, complementados por grandes buques autónomos (LUSV) capaces de transportar misiles interceptores.

El objetivo consiste en trasladar el mayor riesgo posible hacia plataformas robotizadas y preservar la supervivencia de los portaaviones, considerados uno de los activos estratégicos más importantes de la fuerza naval estadounidense frente al creciente desarrollo militar de China.

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