
La increíble historia de Kubo, el crack japonés que imita a Oliver Atom

El manga de Captain Tsubasa (Supercampeones en Hispanoamérica) marcó un antes y después en Japón. En un país donde el béisbol es el deporte rey, la historieta de Yōichi Takahashi, que empezó a publicarse en 1981, despertó una pasión inusitada por el fútbol en la nación asiática, que hoy sueña con hacer historia en el Mundial 2026 de la mano de Takefusa Kubo, el "nuevo Capitán Tsubasa".
Las aventuras de Tsubasa Ōzora (Oliver Atom en Latinoamérica) y sus amigos desde la infancia hasta convertirse en profesionales y representar a la Selección de Japón despertaron el interés de miles de niños y jóvenes japoneses por la práctica del fútbol mientras que la posterior adaptación a anime elevó el interés por el fútbol a nivel mundial.
En un país sin mayor trascendencia en el fútbol, el éxito de Captain Tsubasa reavivó el interés por este deporte e impulsó la posterior creación de la liga profesional de Japón (J. League) en 1992. La Copa Asiática ganada ese año por el seleccionado local fue el impulso necesario para una profesionalización que se había hecho demorar por décadas. Luego llegó la clasificación al Mundial Francia 1998 y desde aquella cita los Samuráis Azules son infaltables en las Copas del Mundo.
En 2005, la Asociación Japonesa de Fútbol (JFA) ideó el proyecto Japón 2050, cuyo objetivo es ganar el Mundial de fútbol en aquel año. En el corto plazo, para 2030 el objetivo es alcanzar las semifinales de una Copa del Mundo. Y para ello, una de las metas ya lograda con continuidad es exportar talento al fútbol europeo, tal cual le sucede a Oliver Atom y sus amigos en Supercampeones.
El personaje de Tsubasa Ōzora está parcialmente inspirado en Kazuyoshi Miura, el legendario delantero japonés que sigue jugando a sus 59 años, que a los 15 años se marchó a Brasil para formarse como futbolista y que jugó en clubes de la talla de Santos, Palmeiras y Coritiba.
La hoja de ruta de Miura fue seguida posteriormente por Oliver Atom, que también fue a Brasil a terminar su proceso de formación en el FC Brancos (Sao Paulo FC, en la vida real). Posteriormente iría al FC Cataluña (FC Barcelona, en la vida real), donde empieza jugando en el equipo filial y posteriormente logra el título de la liga española, en uno de los arcos más emocionantes de Supercampeones.
Tal cual Tsubasa Ōzora, varios años después Takefusa Kubo, uno de los mayores prodigios del fútbol japonés, siguió el camino del protagonista de Captain Tsubasa cuando con apenas 10 años se sumó a la cantera del FC Barcelona. En su primera temporada completa, la 2012-13, fue el máximo goleador de la liga con 74 tantos en apenas 30 partidos.
Sin embargo, su progresión se vio frenada cuando en 2014 se descubrió que el Barcelona violó la política de transferencia internacional de la FIFA para jóvenes menores de 18 años, por lo que Kubo se quedó sin opción de jugar por el club español hasta cumplir la mayoría de edad.
La perla japonesa debió volver a su país para seguir su formación en el FC Tokyo, debutó como profesional con apenas 15 años, nuevamente acaparó portadas a partir de su fútbol y despertó el interés de grandes clubes de Europa. Cuando parecía que volvía al Barcelona, Real Madrid se anticipó a su clásico rival y le hizo un contrato de seis años en 2019.
Sin embargo, Take jamás pudo jugar un partido oficial con el Real Madrid. Su condición de extracomunitario y que el conjunto español tenga las tres plazas permitidas ocupadas provocaron que sea cedido posteriormente al Mallorca, Villarreal y Getafe para que no frene su progresión. La demora de la nacionalización de Vinicius, lo que hubiese liberado un cupo de extracomunitario en favor de Kubo, provocó que el japonés decida no esperar más y sea traspasado a la Real Sociedad a mediados de 2022.
En el conjunto blanquiazul Kubo es genio y figura, y representa una de las máximas esperanzas de Japón de cara al Mundial 2026. El seleccionador japonés Hajime Moriyasu deposita su confianza en un jugador talentoso y desequilibrante, de cuyos pies pueden surgir jugadas mágicas y decisivas como las que Oliver Atom realizaba para inspirar a niños de Japón y todo el mundo.
Tal cual Tsubasa Ōzora, Takefusa Kubo sobresale por su resiliencia y su hambre de gloria. A sus 24 años ya fue el niño prodigio que ilusionó a todo un país, el que se quedó en el aire por una sanción de la FIFA, el talento que se volvió realidad en la vuelta a su país, la joven promesa que pegó el salto al club más grande del mundo y el que debió ir de préstamo en préstamo hasta hacerse un nombre en el fútbol español.
A dos meses el inicio del Mundial 2026, Take dejó atrás una lesión en el isquiotibial izquierdo que lo alejó más de dos meses fuera de las canchas, su vuelta al fútbol será progresiva y trabaja para llegar en óptimas condiciones físicas y futbolísticas a una Copa del Mundo donde ya no será una de las jóvenes promesas de Japón, sino de los líderes que quiere conducir a los Samuráis Azules a superar la barrera de los octavos de final en una justa mundialista.
Con información de ESPN




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