
9 de Julio: mirada crítica sobre el centralismo de ayer y hoy
Ivana Chañi
En su columna en Aries, la historiadora María Laura Collivadino Navarro analizó el 9 de Julio como parte de un proceso revolucionario extenso, no como un hecho aislado. “No es un hecho azaroso ni anecdótico”, sostuvo, y remarcó que se trató de un hito en una década de fuertes disputas geopolíticas, internas y externas, que moldearon el camino hacia la independencia.
Según explicó, la fecha simboliza el momento en que la ruptura con el orden colonial se vuelve irreversible. “La independencia llega ese día porque no podía llegar antes, y era necesario que llegue el 9 de julio de 1816”, afirmó. También destacó que se alcanzó luego de múltiples fórmulas políticas y bajo el peso de la injerencia imperial, principalmente británica.
Uno de los ejes que destacó la historiadora fue la decisión de reunir el Congreso en Tucumán y no en Buenos Aires. “Es muy importante que se reúnan lejos de Buenos Aires, lejos de la influencia de la Bolsa Comercial y del imperialismo británico”, subrayó. Para Collivadino, ya entonces existía una tensión entre el interior y el poder central que se refleja también en debates contemporáneos.
Además, recordó que no participaron las provincias del Litoral, como Santa Fe y Entre Ríos, por sus diferencias con Buenos Aires y en apoyo a José Artigas. En ese contexto, destacó que el Congreso tenía tres objetivos clave: declarar la independencia, sancionar una Constitución y organizar la República.
Collivadino trazó un puente con el presente al mencionar que muchas de esas tensiones aún atraviesan al país. En su lectura, el centralismo y el desequilibrio territorial siguen presentes, lo que hace urgente revisitar el sentido profundo del 9 de Julio más allá de los actos protocolares a lo largo y ancho del país.




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