
Violencia

Varios sectores están advirtiendo sobre excesos que configuran un marco de violencia que incluye a la política.
No se trata solamente de la confrontación de grupos, como es frecuente entre las hinchadas del fútbol o de la represión excesiva con la que desde los gobiernos se responde a la protesta social, cuando ésta también corre los límites y cae en el vandalismo sobre bienes públicos. Hay otros hechos muy preocupantes porque no se quedan en la ejecución directa de la violencia sino que contiene un simbolismo que va alentando conductas nocivas.
Particularmente este último tiempo es prolífico en el registro de actos y mensajes que conducen a tomar a la violencia como opción para enfrentar situaciones de crisis o de conflictos de intereses. Se va construyendo de esa manera lo que los especialistas consideran una cultura de violencia, que se expresa en el maltrato, la intolerancia y la falta de diálogo.
Su desarrollo conduce a la naturalización de esta forma de establecer los vínculos sociales e institucionales, sin advertir su profundización y los riesgos a futuro. Por ello es que el trámite que tuvo el partido entre las selecciones nacionales de Argentina y de Brasil emerge como un ejemplo de actitud que bien puede replicarse en todos los ámbitos de la vida comunitaria. Precedido por un contexto en el que el racismo generó debates en torno a encuentros de fútbol entre equipos de ambos países, fue muy oportuno el mensaje del director técnico argentino, Lionel Messi, quien destacó que “el racismo no existe en nuestras cabezas” y exhortó a quienes iban a concurrir a alentar a la Selección Argentina, a vivir el fútbol con pasión, pero sin agresiones.
En el mismo tono se pronunció el presidente Javier Milei, quien suele expresarse frecuentemente de manera agresiva, procaz e irrespetuosa. Se centró en destacar las virtudes del equipo argentino, reconociéndolo como “un conjunto de profesionales enormes… talentosos, metedores y laburantes” y subrayando el trabajo en equipo, en el que la tarea de los técnicos es sobresaliente. “La verdad son unos líderes positivos de características enormes”, dijo sin caer en la tentación de denigrar a los circunstanciales oponentes deportivos.
Resultó importante ese tono si se tiene en cuenta los incidentes que tuvieron al área del Congreso como escenario, especialmente en su interior con sesiones donde las tensiones del debate político terminaron hasta en conatos de agresiones físicas. A ello se suman otros hechos cargado de simbolismo, como la destrucción de un monumento en homenaje al escritor, historiador y periodista Osvaldo Bayer, figura que encarna principios que confrontan con los que reivindican los libertarios.
La dirigencia política que fomenta la violencia, buscando el quiebre de las reglas de juego de las instituciones, carece de legitimidad democrática. Es lo que advierte un informe de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas acerca de la situación de la libertad de expresión. Precisamente es uno de los sectores que no ha quedado marginado de este clima que pone en riesgo la institucionalidad.
El pronunciamiento pide fortalecer el diálogo como vía esencial para la resolución de diferencias y la construcción de consensos en beneficio de la sociedad. Es un llamado que, si se repite, puede contribuir a reencauzar una situación que ya alcanzó un sesgo preocupante.
Salta, 26 de marzo de 2025









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