Duelo

Opinion 21 de noviembre de 2022
Fue un emblema de la lucha por los derechos humanos y una patética demostración del efecto corrosivo de cierta forma de ejercer el poder político. Su vida fue larga y desde la doméstica estructura de una familia atravesada por la tragedia dio vuelta al mundo denunciando los excesos de la dictadura militar pero terminó en la insensatez y la irrazonabilidad. Murió Hebe de Bonafini y parte de la historia cierra un capítulo.
hebe-ensenadajpg

El Ejecutivo Nacional decretó el domingo tres días de duelo nacional por el fallecimiento de quien fuera la titular de Madres de Plaza de Mayo. La bandera a media asta recordará a quién, debido a la desaparición forzada de dos de sus tres hijos durante la última dictadura militar, se convirtió en una fiera herida y nunca alcanzó la paz.

En los considerandos del Decreto 768, firmado por una de las últimas víctimas de sus diatribas y Presidente de la Nación Alberto Fernández, repasó los aspectos más sobresalientes de un incansable trabajo de búsqueda de millares de personas que la tuvo a la cabeza, sin medir riesgos y con un coraje aun conmovedor. El instrumento legal recordó que “a partir del 24 de marzo de 1976 se instauró en la Argentina un régimen de terrorismo de Estado con un plan sistemático de desaparición de personas, campos de concentración, torturas, apropiación de niños y niñas, ‘vuelos de la muerte’ y un sinnúmero de otras violaciones atroces a los derechos humanos”. Describió que “justamente en los primeros años, cuando los medios de comunicación, en su inmensa mayoría, guardaban completo silencio ante las denuncias de las víctimas del terrorismo de Estado, un grupo de mujeres, posteriormente conocidas mundialmente como las ‘Madres de Plaza de Mayo’, comenzó a enfrentar a los genocidas que gobernaban el país”. Hasta ahí el trayecto blanco – tan blanco como el pañuelo que junto a miles de mujeres portó durante décadas-de una vida que terminó con trazos negros. 

Bonafini no calló su pedido de Justicia, como no lo hicieron las otras madres que murieron desconociendo el destino de los hijos y lo mantuvo incluso cuando expandió su tarea por otros carriles en reclamo por derechos humanos conculcados. Allí ubicó su participación en un plan de viviendas a través del cual manejó ingentes recursos –que se estiman en unos mil doscientos millones de pesos- y por el que terminó acusada de corrupción. 

Fue a comienzos de este siglo que se acercó por primera vez a un gobierno y se comprometió hasta el último día de su vida  con todo lo que representa el kirchnerismo, al que entregó a la histórica asociación. A esa altura de los acontecimientos, las acompañantes originales  de su lucha habían tomado distancia; las madres tuvieron que dividirse porque el discurso había cambiado. En el último tramo de su trayectoria reivindicó la lucha armada de los años 70 y la violencia del terrorismo en cualquier lugar del mundo, mientras ensalzó regímenes totalitarios que sobreviven merced, justamente, de restricciones a las libertades y a la privación del ejercicio de derechos humanos que para ella habían sido algo más que una bandera. El desvío se tornó atentatorio contra el sistema ya que bajo la intemperancia de su discurso cayeron figuras e instituciones de la República.

Hebe Pastor de Bonafini  abandonó su hábito de Madre  de Plaza de Mayo cuando se entregó a la devoción por Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Su último acto, además de mandar a callar al propio Presidente de la Nación, fue convocar a una pueblada para resistir  cualquier decisión judicial de condenar a la Vicepresidente, acorralada por causas judiciales de corrupción.

Ojalá la Justicia termine alguna vez su investigación de Sueños Compartidos y pueda lavar su nombre. Si el tiempo acalla sus exabruptos, para la historia quedarán su garra y su coraje para enfrentar una dictadura que le quitó sus hijos sin decirle a dónde están.

Salta, 21 de noviembre de 2022

 

Te puede interesar

Boletín de noticias

Recibí información en tu mail

Te puede interesar