Sergio Massa

Opinion 10 de agosto de 2022 Por Guillermo Martinelli
Fueron ¿todavía son? días de angustia, días de incertidumbre, hasta de tinieblas, días en los que parecía que todo se desmadraba, se sufría por el país, por cada uno de nosotros, por el presente, por el futuro, se desmoronaban no solo los proyectos sino el propio presente.
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Dónde estoy parado, cómo me sostengo si de repente lo que creía medianamente firme se eclipsa y estoy solo con mis fuerzas ¿son tales? o más un espejismo de aquello en que nuestra finitud se asienta, y recurro a mis convicciones que en crisis afloran, veo mi materialidad con grandes grietas, averías difíciles de dimensionarlas, de vuelta a mis convicciones a mi espiritualidad. Menos mal que algo tengo de ello, pobre del que las tiene desdibujadas o que las muto por logros solo materiales. En esos días aciagos de hace poco tiempo nuestro país parecía, como dije antes, desmadrarse, es decir dejar de ser lo que era o lo que creímos que era. De repente no teníamos tierra firme, todo se volvió caos.

Quien nos generó lo que pasó no fue el país vecino que nos atacó, tampoco fue otra invisible pero detectable pandemia, menos un cataclismo natural, ¿será una maldición? No, tampoco. ¿Quién fue entonces esa horrorosa mano negra que nos llevó a lo que padecimos? Fue lo que está nominada pero no precisada con pertenencia de nombre y apellido, fue el mercado si lo escuchamos de los economistas que dicen saber, también de los políticos que se enseñorean en alquimias que no saben explicar adecuadamente, El famoso Mercado, que no es igual al mercader, que no es el Mercader de Venecia, que tampoco es el Mercado San Miguel. Es otra cosa y muy distinta a lo que nos podemos enfrentar y hasta sobreponernos; es algo que los de a pie lo padecemos y no lo vemos, lo sentimos pero no lo tocamos, no es tangible paro ataca sin piedad, es un poder no sobrenatural, es un poder creado por los hombres que tienen poderes, que generan efectos y consecuencias pero que no tiene responsables con nombre y apellido. Es difícil de aceptar pero demostraron con crudeza que cuando quieren muestran las garras mas afiladas que hacen jirones de nuestro ser, de nuestro país, de nuestra gente, de nosotros.

Ese Mercado atroz se manifestó en esos días con fuerza e inmisericorde. Hubo una reacción del gobierno, del congreso que le salió al cruce. Pudo parar su vorágine mediante el uso de la más eficaz de las armas: la política. Si! Se respondió con la política, la que restableció la confianza con solo mostrarse dispuesta a defenderse y sostener un camino.

No hubo magia para enfrentar el Mercado, hubo una decisión política del Frente de Todos de poner sus líderes en sintonía con la necesidad imperiosa de ese momento, de poner a sus integrantes, entre ellos a Sergio Massa al frente de la furiosa embestida del Mercado y la política logró parar el ímpetu desolador contra el pueblo.

Es cierto que el Mercado hizo su negocio. Las medidas del gobierno se encaminan a concederle beneficios, que se suman a los ya acumulados en esta embestida 2022. Adelantó casilleros el Mercado pero no pudo vencernos. Tenemos un camino por delante que no es fácil, es complejo y ahora, todos sabemos, que esa fuerza que es el Mercado está agazapada a la vuelta de la esquina. No es chiste.

Este camino sufrido debe ser sanado pero básicamente debe sernos útil para saber que no somos ni invulnerables ni todopoderosos, pero que solo el actuar adecuado del gobierno y del pueblo puede mantener a resguardo nuestro presente y futuro.

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