El que vende su voto vende sus hijos

Opinion 23 de junio de 2020 Por Santos Jacinto Dávalos
En la historia del mundo siempre existieron vencedores y vencidos. Personas muy ricas, muy poderosas y personas muy pobres y desprotegidas. Lo que ocurría entre los humanos también ocurría entre las naciones.
compra votos

Durante los siglos XVIII y XIX se formaron movimientos tendientes a suprimir o a disminuir las abismales diferencias existentes entre los seres humanos. Por ejemplo el socialismo, el marxismo, las concepciones de teóricos de la Iglesia Católica, en especial los jesuitas y las Encíclicas relacionadas con el trabajo humano.

La independencia de Estados Unidos, lograda después de una lucha muy cruenta. La revolución francesa y luego la independencia de las naciones colonizadas, entre las cuáles se encuentra la Argentina. La revolución rusa y la instalación de un sistema marxista de la propiedad.  Todos buscaron un mayor igualamiento entre los seres humanos.

Pero todos fracasaron en su tentativa.  Y hoy nos encontramos con que el diez por ciento de los seres humanos es dueño del noventa por ciento de la riqueza mundial y que el noventa por ciento solo es titular de un exiguo diez por ciento. En Argentina la situación es similar a lo que ocurre en el resto del mundo. Y en Salta, según informa la Dirección de Estadísticas Provincial, la mitad de las tierras cultivables está en muy pocas manos.

Pero a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX se universalizó la posibilidad de un gran igualador: el voto universal y secreto. En muchos lugares como en nuestro país, además es obligatorio.

Entre nosotros este sistema se instala por la lucha de los radicales, con su abstención revolucionaria, pero además por la lucidez de pensadores y conductores de la clase dominante que vieron en el sistema electoral vigente la perpetuación de un sistema fraudulento: el voto cantado. Los empleados, en especial los de la zona rural, se presentaban a votar y debían expresar a viva voz por quién votaban. Si alguno se animaba a votar en contra de las órdenes del patrón, era inmediatamente despedido, pues no existían leyes de protección contra estos abusos. Además los votos se compraban y los matones impedían la votación de los opositores.

La revolución igualadora se da con la denominada ley Sáenz Peña, que instituyó en Argentina el voto universal, secreto y obligatorio. Este sistema consagraba la igualdad del voto del rico con el pobre, del empleado con su patrón, del campesino con el habitante de la ciudad. Pero tenía un grave defecto: no permitía el voto femenino.

Los argentinos, voto secreto mediante,  optamos por una alternativa que estimábamos superadora: Irigoyen candidato de los radicales. Y luego con los mismo radicales Alvear y nuevamente Irigoyen. La revolución del voto igualitario permitió que la mayoría, generalmente los más pobres, pudieran escoger al candidato de su preferencia sin sufrir ninguna consecuencia .

Luego se produce el golpe militar contra Irigoyen y aparece la desnaturalización del voto igualitario, mediante lo que denominaron el fraude patriótico, que duró toda la Década Infame. Los golpistas aducían que el pueblo no sabía votar y que había que realizar un fraude patriótico para preservar la república.

En el año 1946 se produce la elección convocada por los militares que dieron el golpe  en 1943. Perón, con la ayuda de los radicales irigoyenistas, los sindicatos, y el de un pueblo que ya se había manifestado masivamente , derrota a una coalición de todos los partidos políticos argentinos, que además contaba con apoyo internacional. Los beneficios de los más humildes en materia de empleo, salud, educación, mejores condiciones de trabajo en el campo y la ciudad, viviendas fueron notables. Señalo este hecho, no con intención de glorificar al peronismo, sino porque es  la consecuencia de un proceso de organización de los más humildes, que supieron usar la gran herramienta igualadora, el voto universal, secreto y obligatorio, para instalar la conducción que deseaban. Y así lograron mejores condiciones de vida.

En el año 1952 se incorpora a la mujer como votante y como candidata. El proceso de gestación de este derecho fue difícil. Comenzó en el año 1947 y tardó casi tres años en completarse. La gran impulsora fue Evita pero antes que ellas hay que reconocer a muchas mujeres que abrieron la puerta a este suceso revolucionario. El argumento de los que se oponían era que iba a destruir la unidad de la familia.

Ya estamos llegando al eje de esta columna. Porque si las mujeres son más que los hombres, son más estudiosas que los hombres no tienen una presencia igualitaria en nuestro Congreso Nacional y en nuestra Legislatura?  Porqué ganan menos que los hombres por el mismo trabajo? Porqué les cuesta tanto llegar a las funciones de conducción. La respuesta a mi modo de ver es que todavía tenemos la secuela de la educación patriarcal que caracterizó a la Argentina. Hay un progreso evidente pero más que por el accionar organizado de todas las mujeres, por la militancia de distintos grupos que toman las calles, escriben, usan las redes y hacen sentir su combatividad en todos los frentes.

Y en nuestra Salta patriarcal la mujer está directamente excluída. Y con la mujer excluída no hay democracia.   

Entre pobres e indigentes, en este momento histórico, superan el cincuenta por ciento del electorado, pero entre los niños y jóvenes la pobreza se estira hasta el sesenta por ciento. Pero la falta de organización los transforma en mendicantes de la ayuda social. Los beneficios que reciben son un derecho. Por ello quiénes votan sumisamente a los pretendidos dadivosos, están cortando el ascenso socio-económico de sus hijos y de su descendencia y los condena a vivir de la ayuda del Estado. La inteligencia, el raciocinio, la aptitud de aprender e investigar, no es patrimonio de los ricos. Todos los argentinos tenemos similares capacidades. Pero si los más humildes no se organizan para exigir mejor salud, educación y posibilidades reales de crecimiento y votan por agradecimiento. O venden su voto. En realidad están vendiendo a sus hijos. Y si se regala el voto porque la candidata o el candidato tiene belleza física, o es conocido, o es simplemente simpático, sin analizar si está capacitado para la función para la que postula, estamos regalando nuestros hijos. No seamos peces que mordemos la carnada de los políticos pescadores. Nos organicemos y seamos nosotros los pescadores de las mujeres y de los hombres más honestos y eficientes.

Si el oyente, humilde, necesitado, quiere organizarse para hacer valer su voto, debe comenzar por participar de las instituciones de su barrio. El Centro Vecinal, la cooperadora de la escuela, la cooperadora de la salita , el club del barrio y si él o sus hijos van a un comedor comunitario, participe de cualquier modo, ayudando a cocinar, pelando papas, sirviendo los platos y lavando lo que se ensució. De ese modo se va a sentir parte de la comunidad. Y desde allí todo es posible. Hasta de constituir un partido político que luche y defienda sus intereses.

Un país más justo es posible

Hasta la próxima.

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