Pañuelo

Opinion 24 de marzo de 2020
El pañuelo volverá a ser un lenguaje para transmitir un mensaje contundente hacia los tiempos por venir. El aislamiento social impuesto por el Covid-19 no impedirá que se reitere la mayoritaria decisión de no aceptar la imposición de autoritarismos que vulneren los derechos esenciales de la persona humana.
pañuelos

En la Argentina se conmemora hoy el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que en agosto de 2002 se ha instaurado para recordar el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, que impuso la más cruente dictadura. A 44 años de ese aberrante hecho aún hay crímenes de lesa humanidad sin reparar, por lo que no se abandona la lucha demandando por 30 mil detenidos desaparecidos.

En más de cuatro décadas se transitó desde el dolor, el silencio y la impotencia a una irrenunciable tarea de generar y fortalecer la convicción que no puede repetirse la interrupción del estado de derecho para solucionar problemas políticos, sociales o económicos. Otras son las propuestas que surgen del sistema institucional y están contenidas en la Constitución.

El tiempo transcurrido no fue suficiente para cerrar heridas, para encontrar la verdad ni para lograr la justicia negada a referentes de una generación que cometió errores que no justifican los excesos de un régimen que aún tienen efectos. Si bien se describe al llamado Proceso de Reorganización Nacional por sus crímenes de lesa humanidad, su acción devastadora fue más profunda ya que provocó en la sociedad argentina un quiebre social, económico y político, pero también moral.

Durante siete años, el régimen militar que condujo el país no solo expuso un despiadado desprecio por la vida humana sino que consagró la desigualdad que no ha logrado superarse. Por el contrario, se viene profundizando frente a una casta política que se monta sobre la fragmentación de la sociedad para cubrir su incapacidad de resolución de cuestiones como la destrucción del aparato productivo que no evita el descenso permanente de amplias franjas de la población por debajo de la línea de pobreza

La dictadura instaurada un 24 de marzo no solo se llevó la vida de los que creyeron en utopías en cuyo nombre algunos se degradaron. Terminaron de aniquilar las posibilidades de una Nación prometedora, convertida hoy en un fracaso colectivo.

Dirá la sabiduría popular que “de aquellos polvos vienen estos lodos”. Lo cierto es que hay logros que han permitido que se fortalezca la democracia como cimiento de una convivencia que, con luces y sombras, se esfuerza por hacer de la Argentina un país que merezca ser vivido. 

En ese oscuro período solo brilló la luz de organizaciones que hoy siguen jugando un rol fundamental en el contralor de la vigencia de los derechos humanos. La feroz dictadura no pudo contra el activismo de familiares de las víctimas, quienes formaron organismos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, solo para nombrar algunas de las instituciones que jugaron un rol decisivo en la impugnación jurídica y política del terrorismo de Estado.

Hoy siguen siendo convocantes a toda manifestación de repudio a cualquier intento de vulnerar derechos esenciales de las personas. Desde la cuarentena se agitarán pañuelos blancos para expresar esa lucha, contra la que no hay barreras.

Salta, 24 de marzo de 2020

Te puede interesar