Legado

Opinion 05 de febrero de 2020
El Método Córdoba se está asegurando su continuidad a través del tiempo. Con la impronta de su creador, la convicción de los discípulos y el apoyo decidido de la Universidad Nacional de Salta y del Gobierno Provincial, desde esta semana el taller “Física al alcance de todos” ha retomado sus actividades tras el receso de verano.
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Como si Daniel Córdoba, su autor, estuviese moviéndose entre los alumnos en Campo Castañares, su creatura se resiste a no existir. Como en sus inicios, cuando se intentó que no se montara por un supuesto carácter elitista, tiene decenas de razones para seguir funcionando. Tras la desaparición física de su inspirador, el taller fue una de las actividades que se reanudaron esta semana en la casa de altos estudios apenas concluido las vacaciones estivales. Hay una camada de estudiantes que se prepara para el examen de ingreso al eminente Instituto Balseiro, una de las mecas de quienes tienen como objetivo realizar su proyecto de vida a través de la ciencia. En ese ámbito no se toleran demoras porque los plazos son cortos y la tarea es más dura sin su presencia. Además, no es espacio para remolones.

A un poco más de un mes de su fallecimiento muchos sectores concurrieron a realizar su objetivo, que no es otro que se dar continuidad a su legado pedagógico, reconociendo que es una oportunidad casi única para romper barreras que separan a los jóvenes de ciencias que abren la mente a proyecciones infinitas. Según el relato de su círculo cercano, fue su propósito cuando estaba luchando contra la enfermedad que lo venció.

Es así que su familia, la UNSa y ahora el Gobierno de Salta se alinearon para mantener en actividad el taller de ciencias. Uno de sus casi biógrafos -el periodista Franco Hessling- dijo en La Tinta que el método Córdoba, desmitifica tanto la demonización de la juventud como la elitización de las ciencias exactas: el taller se dictaba los sábados por la mañana, no incluía evaluaciones que marginen o individualicen con calificaciones y se recibía incluso a quienes no tuvieran la más remota idea sobre física. El método –señaló- consiste en acordar en que no cabe lugar para aguardar genialidad, que lo que hay que hacer, en ese y en cualquier ámbito de la vida, es trabajar, esforzarse, ser disciplinado y no bajar los brazos cuando avienen adversidades. 

La continuidad fue el motivo de una reunión que el martes mantuvo el ministro de Educación, Matías Cánepa, el rector de la Universidad Nacional, Víctor Hugo Claros y estudiantes interesados en continuar con el dictado de las clases de “Física para Todos”. De allí surgió el compromiso de ayudar al taller y difundir la innovación pedagógica que representa a fin que todos los docentes de Salta la puedan conocer y se puedan inspirar para despertar en los chicos las ganas de aprender que generaba Daniel Córdoba.

Como profesor, era un trabajador incansable, que distaba en sus labores de las comodidades de un conferencista y las vanidades de un divulgador que se limita a exponer, sin crear ambientes de aprendizaje cooperativo, lo recuerda Hessling. Le fastidiaba que se relacionen los méritos académicos con la genialidad, combatía para democratizar el acceso a la ciencia y se negaba a creer que era un distinguido. Sin embargo, su manera de trabajar deja una enseñanza tan potente que se hace insoslayable destacar su inmensidad.

Ante la inminencia del inicio de un nuevo período lectivo, vale destacar esta figura que no le quitó el cuerpo a la clandestinidad para poder enseñar. Otros cierran escuelas por pujas salariales.

Salta, 05 de febrero de 2020

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