Editorial Cara a Cara: “Milei quería romper con la política y terminó copiándola”

A continuación compartimos el editorial del periodista Mario Ernesto Peñe en su programa Cara a Cara.
Cara a Cara02/10/2026

PEÑA 5

“Hola qué tal. Cómo les va, espero que tengan todos muy buenas noches.

Qué semana estamos atravesando. Realmente el país está convulsionado. No sé si estamos mejor o peor que antes, pero los números y, fundamentalmente, lo que pasa en la calle, indican que estamos peor.

La gente no avanza, los comercios no venden y las fábricas no fabrican. Son las quejas que escuchamos todos los días.

Mientras tanto, nuestro Presidente sigue viajando y en esos viajes aprovecha para llevarse gobernadores, bien al estilo de la vieja política. Es curioso: Javier Milei llegó diciendo que odiaba a la casta, que venía a terminar con determinadas prácticas, pero cada vez empieza a copiar más algunas de esas costumbres.

Se llevó a 13 gobernadores. ¿Eso no tiene ninguna relación con los votos que el Gobierno necesita en el Senado? Tal vez uno sea mal pensado, pero es inevitable preguntarse cuánto tienen que ver esos viajes, esas fotografías y esos acercamientos con los apoyos que después necesita el oficialismo en el Congreso.

A esto se sumó otro episodio que merece atención. Tres hombres de la Justicia resolvieron una situación sobre la que buena parte del país estaba expectante: la posibilidad de vender tierras.

Tres ministros de la Corte, que no fueron elegidos por el voto popular, terminaron tomando una decisión que ahora coloca al Gobierno contra la espada y la pared. Porque quienes respaldan al oficialismo tendrán que explicarle a la sociedad si están dispuestos o no a avanzar en ese camino. Y esto se relaciona con una discusión mucho más profunda.

Hace pocos días vimos el fuerte cruce entre Juan Grabois y el diputado nacional Carlos Zapata en una comisión del Congreso. Grabois se enfureció cuando Zapata le cortó el micrófono. Pero, dentro de ese episodio, dijo algo que me pareció interesante: quieren vender el país.

La definición fue más lejos: quieren que dejemos de ser dueños para convertirnos en inquilinos de la Argentina.

Puede sonar exagerado, pero es una discusión que existe. Porque buena parte del proyecto político de Milei se construyó alrededor de privatizaciones, apertura económica, venta de activos y una concepción del Estado cada vez más reducida. En principio, es vender todo.

Después apareció nuevamente Malvinas y, de golpe, todos nos hicimos nacionalistas. Una bandera en un partido entre Argentina e Inglaterra volvió a despertar sentimientos que permanecían allí, latentes.

El Gobierno aprovechó ese clima. Hubo cadena nacional, discursos sobre soberanía, Fuerzas Armadas y defensa del territorio argentino.

Pero siempre me hago la misma pregunta: ¿por qué determinados gobiernos recurren con tanta fuerza al nacionalismo justamente cuando empiezan a tener problemas internos? La historia argentina debería obligarnos a ser prudentes.

Durante la última dictadura militar, cuando el régimen estaba agotado y la situación se volvía insostenible, Galtieri apeló a Malvinas. Se lanzó una guerra imposible de ganar con la expectativa de recuperar apoyo popular y prolongar un poder que se desmoronaba.

No digo que estemos frente a la misma situación. Sería absurdo hacerlo. Pero sí podemos observar un mecanismo político parecido: cuando la economía no funciona, cuando la gente no la está pasando bien y cuando empiezan a aparecer dificultades, el poder busca grandes causas capaces de reunir nuevamente a la sociedad detrás suyo.

Malvinas es una causa nacional y todos queremos que la Argentina defienda sus derechos soberanos. Pero justamente por eso no debería utilizarse como instrumento político de ocasión.

Además, aquella estrategia internacional parece comenzar a desinflarse.

Donald Trump ya no habla demasiado de Malvinas y mantiene una excelente relación con el Reino Unido. Milei, que durante mucho tiempo se mostró como una suerte de “nene mimado” de Trump, empieza a aparecer un poco más relegado. Incluso en Naciones Unidas no tuvo el protagonismo que quizás esperaba. Y Milei no parece ser una persona a la que le guste pasar desapercibida.

Ahora el Presidente está en Francia acompañado por gobernadores. Allí también estuvo el gobernador de Salta, que aprovechó para entregarle un libro publicado recientemente. La fotografía circuló por todo el país. Habrá que leer ese libro para conocer realmente cuál es el pensamiento que allí se expresa.

Este es el momento político que atraviesa la Argentina: una economía con enormes dificultades, un Gobierno obligado a negociar con actores de la política tradicional que decía combatir y una sociedad que mira con preocupación hacia dónde vamos.

En Salta, mientras tanto, la política también empieza a moverse. Alfredo Olmedo parece haber sido el primero en largar formalmente su candidatura a gobernador. Los carteles ya están en la calle. Alguien los pagó, alguien los colocó y el mensaje es claro: “Olmedo gobernador”.

Sería su tercera oportunidad. Él mismo me dijo por teléfono: “La tercera es la vencida”. Durante mucho tiempo se habló de otros nombres dentro de La Libertad Avanza. Incluso de una senadora que tendría buenos números en las encuestas. Sin embargo, apareció nuevamente Olmedo, que continúa siendo el presidente del partido en Salta y una figura central del espacio libertario provincial.

No hubo internas ni una discusión pública demasiado amplia. Simplemente apareció la candidatura.

Será interesante escuchar qué tiene para decir y, especialmente, qué proyecto propone para Salta.

También estamos frente al final de una etapa importante para la Iglesia salteña.

Monseñor Mario Antonio Cargnello está próximo a cumplir el límite de edad establecido para presentar su renuncia como arzobispo. Su historia en la Iglesia estuvo atravesada por momentos muy importantes de la vida social y política del norte argentino.

En Catamarca tuvo intervención durante los años del caso María Soledad Morales. Más tarde, en Orán y en el norte salteño, le tocó actuar en momentos de enorme conflictividad social, cuando la Ruta 34 se había convertido en escenario permanente de protestas y enfrentamientos.

Su intervención ayudó, en algunos momentos, a impedir que determinados conflictos terminaran de una manera mucho más grave.

Durante sus años al frente del Arzobispado de Salta también tuvo discusiones, cuestionamientos y controversias, entre ellas su conocida posición respecto de la Virgen del Cerro. Ahora se acerca el momento de su partida.

Son dos personajes muy distintos, Olmedo y Cargnello, pero ambos permiten mirar algo de lo que está pasando en Salta: uno intenta volver a ocupar el centro de la escena política y el otro comienza a despedirse después de décadas de protagonismo institucional.

Y mientras todo eso ocurre, la Argentina sigue tratando de encontrar un rumbo”.

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