
¿Por qué los pueblos votan siempre a los idiotas?

Este individuo no se define por su clase social, sino por su disposición mental. Es aquel que no se exige nada a sí mismo, que se siente "como todo el mundo" y que, lejos de angustiarse por su mediocridad, se siente cómodo con ella. Cuando este fenómeno pasa de la esfera social a la arena política, el resultado es predecible: el triunfo sistemático de la insensatez en las urnas.
La pregunta sobre por qué las sociedades eligen repetidamente a gobernantes incapaces o desequilibrados no encierra un misterio insondable; es la consecuencia natural de la hegemonía del hombre-masa. El votante masa no busca la excelencia ni la preparación técnica en un líder; por el contrario, la teme y la aborrece. La excelencia lo acompleja, el argumento complejo le aburre y la virtud ajena le parece una provocación. En su lugar, siente una afinidad casi instintiva por el gobernante que se le parece: impulsivo, ignorante de la complejidad del mundo y armado con soluciones mágicas para problemas antiguos.
El líder "idiota" en su sentido etimológico griego de quien vive volcado únicamente en lo privado, incapaz de comprender lo público y lo colectivo, es el espejo perfecto de la masa. Habla en consignas fáciles de repetir, convierte la gestión pública en un espectáculo circense y valida los prejuicios más elementales del electorado. Votar por él no es un error de cálculo del ciudadano, sino un acto de autoafirmación: al elevar al mediocre al poder, la masa se absuelve a sí misma de la obligación de mejorar.
Ortega señalaba que el hombre-masa cree que la civilización es un fruto natural, como la manzana en el árbol, y no el resultado de un esfuerzo intelectual y moral sostenido. Por eso entrega las llaves de las instituciones a demagogos que prometen destruir todo sin medir las consecuencias.
Los pueblos no votan a los idiotas por descuido, sino por complicidad. Mientras la política siga siendo el reflejo de una ciudadanía que rechaza el pensamiento crítico y celebra el envanecimiento de la ignorancia, los parlamentos y casas de gobierno continuarán siendo el santuario de los incapaces.







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