El alfajor gana lugar: el 61% de los trabajadores saltea comidas

Según un estudio de la UCA, el 78,5% de los trabajadores consumen alimentos menos nutritivos por motivos económicos.
Economía27/07/2026

X5T7YKV625FFJMYWX3L6FVCWD4

Hay para todos los gustos. Rellenos con dulce de leche, frutas o mousse. Bañados en chocolate o glaseados. Simples, triples, extragrandes… Las más de 100 variedades de alfajores que existen en el mercado ocupan una porción cada vez más importante de los exhibidores de los kioscos y son el producto que mejor resiste la crisis económica, manteniéndose como el artículo más vendido, según relatan fuentes del sector. Sin embargo, este fenómeno de ventas y nuevos lanzamientos tiene una contracara de sabor amargo: por la crisis y los salarios ajustados, cada vez más trabajadores se saltean comidas y tratan de llenar ese vacío en la panza con la golosina más argentina del mundo.

“El alfajor dejó de ser una golosina tradicional para ser un alimento. Se utiliza en un desayuno, en una merienda, en un almuerzo, como un postre”, apunta a Página|12 Claudio Messina, director de marketing y comercial en Fantoche, una marca local con más de 60 años de trayectoria que se posiciona entre las más elegidas por su relación precio-calidad.

A pesar de la caída generalizada del consumo, los alfajores se defienden. Según estimaciones del sector, los argentinos consumen un promedio de 12 millones de unidades por día. Así, los más económicos crecen en ventas y son el producto estrella de los kioscos. Claro que no ocurre lo mismo con los del segmento premium, que se hunden en los rankings de ventas fundamentalmente por su valor, explica Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión Kiosqueros República Argentina (UKRA), en diálogo con este medio.

En un contexto de sueldos pisados, donde un sándwich al paso puede rondar los $8.000, un alfajor con una gaseosa recorta ese gasto a la mitad. Por eso, esta golosina rellena “reemplaza en muchos casos un almuerzo al mediodía”, afirma Messina. “Los bolsillos de los consumidores están cada vez más flacos y se van adaptando en la medida de las posibilidades y las necesidades de cada uno”, completa.

El día se hace demasiado largo con un Guaymallén de almuerzo

El transporte y los servicios públicos aumentan todos los meses, pero los sueldos no acompañan y las billeteras se vacían rápido. Así, tener ingresos ya no garantiza las cuatro comidas diarias y hay que recortar gastos de todos lados. Maia, una joven que estudia en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), cuenta cómo hace para estirar el mango cuando la hora del almuerzo la encuentra en la facultad. “Trato de llevar algo de casa y, cuando no puedo, veo de comer algo por ahí, pero muchas veces termino salteando comidas o zafando con un alfajor o alguna pavada”, dice.

Cuando el presupuesto es una manta corta, lo que en otros momentos sería un tentempié, pasa a ser un alimento principal. “Los precios de la comida que puede llegar a llenarte son muy caros”, explica Candela, alumna de la misma universidad. Por eso, distrae su panza con una opción low-cost. “Compro un café o un alfajor, capaz un paquete de galletitas… lo más barato que haya”, resume.

Algo parecido le pasa a Agustín, de 18 años, cuando va al CBC de Avellaneda. “Trato de variar. A veces me compro una comida barata, como empanadas o un sándwich, pero si ando muy corto de plata, me como un alfajor Guaymallén”, comenta. Una de sus compañeras de cursada coincide: “Yo me la banco con dos alfajores y alguna bebida hasta que vuelva a mi casa”.

Sus casos no son aislados ni exclusivos del universo estudiantil: reflejan una problemática que afecta a la mayoría de los trabajadores de Argentina. Según el informe “La alimentación y comensalidad en la población asalariada de la Argentina”, publicado por la Universidad Católica Argentina (UCA), el 83,5% de los trabajadores experimenta algún grado de vulnerabilidad alimentaria.

Un ahorro que sale caro: el costo de saltearse comidas

El estudio de la UCA -basado en 1.171 casos con representatividad nacional- analizó en qué condiciones se alimentan los asalariados argentinos y qué estrategias adoptan ante la pérdida de poder adquisitivo, entre otras variables.

Así establecieron que el 61,1% de los encuestados saltean comidas por motivos económicos. Pero eso no es todo. El 78,5% tienen que consumir alimentos menos nutritivos. Estas dos privaciones se combinan en más de la mitad de los trabajadores (56,2%). “Los más afectados son trabajadores de menores ingresos, no calificados y de empresas pequeñas, donde la vulnerabilidad alimentaria se intensifica”, indican desde la UCA.

“En situaciones de crisis, la gente no come, saltea comidas. Lo escuchamos a diario en el consultorio. La gente disminuyó la cantidad de comidas porque no le alcanza la plata para realizar todas las comidas”, apunta a este medio la Licenciada en Nutrición Nancy Cepeda (MP 353).

Las cuatro comidas diarias que se recomiendan desde la nutrición para tener una alimentación adecuada deberían incluir una cantidad armónica y suficiente de nutrientes. “No importa solo la cantidad, sino que es muy importante también la calidad de los nutrientes que consumimos”, completa la profesional de la salud.

Los alfajores o golosinas aportan en poco volumen una gran cantidad de calorías, describe Cepeda y remarca que los nutrientes de esos productos podrían considerarse “de baja calidad”. Por lo tanto, la recomendación profesional es tener un consumo ocasional que dependerá también de las condiciones de salud de cada caso particular.

“Una persona que tiene algún factor de riesgo, como puede ser sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial o diabetes, tiene que ser aún más cuidadosa en la cantidad de veces que consuma estos productos, porque va a colaborar en agravar estas enfermedades crónicas no transmisibles”, comenta la nutricionista. Aun en personas sanas, un consumo excesivo de estos productos podría provocar, a futuro, la aparición de alguna complicación de salud.

De acuerdo con estudio de la UCA, solo el 16,5% de la fuerza laboral asalariada está libre de privaciones alimentarias, una situación que “constituye un diagnóstico severo sobre el deterioro del salario real y la insuficiencia de los ingresos para cubrir un estándar básico de vida digna”. Lo más preocupante, agregan los investigadores, es que se trata de “un fenómeno masivo” que afecta con mayor intensidad a los eslabones más débiles de la cadena laboral.

Un salvavidas con forma de alfajor

Ese bolsillo ajustado, que no siempre puede garantizar una alimentación de calidad, es el mismo que recorta los “gustitos” al paso, también demonizados como gastos hormiga. Así, chocolates de tamaño extragrande o golosinas con ingredientes extravagantes acumulan polvo en las estanterías, pero el clásico alfajor argentino mantiene una alta rotación en los comercios de cercanía.

Tal es así que a comienzos de junio de este año, Martín Andrés Cabello inauguró “Planazo Alfajor”, un pequeño comercio en el barrio porteño de Almagro en el que los alfajores son el producto estrella. Durante las primeras semanas, cuenta a este medio, el más pedido y vendido fue El Capitán del Espacio, un producto que se impone en las góndolas con décadas de mística conurbana. Pero además de los clásicos, la tienda ofrece alfajores elaborados por pequeños productores que buscan innovar en sabores: desde frutas enteras dentro del alfajor hasta recetas que imitan bebidas alcohólicas. Hay lugar para todos.

Para captar la atención de los estudiantes de las escuelas y universidades cercanas, el creador de “Planazo” lanzó ofertas con bebidas, como la bautizada “Recreo”, que trae un alfajor de maicena y una bebida cola. Quienes evitan las gaseosas o buscan consumir menos calorías también son considerados: para ellos, la promoción es de un alfajor “proteico”, junto con un agua mineral infusionada con menta y limón.

“El segmento del alfajor en Argentina es muy fuerte y tiene mucha personalidad, ocupa más de la mitad del segmento kiosquero”, analiza Cabello. Sobre este punto, también coincide el vicepresidente de UKRA y asegura que en su comercio el 80% de lo que vende son promociones de alfajores. “La gente busca mucho promociones y en el caso del alfajor, se compran por cantidad”, aporta Acuña.

“En una porción de un alfajor, uno come dulce de leche, galletitas y chocolate. Son pocas las golosinas que hacen eso. O sea, terminan alimentando e introduciendo las calorías que toda persona necesita”, agrega Messina. De todas maneras, es consciente de que cuando hay crisis económicas, sus productos ocupan otro lugar en la vida de los consumidores. “En un país donde, obviamente, un almuerzo cada vez está más caro, un alfajor con agua o con una gaseosa reemplaza, en muchos casos, un almuerzo”, señala. “Después queda la discusión de si esto es más o menos saludable”, agrega sin escaparle a la polémica por el aspecto nutricional de esta situación.

Página12

Te puede interesar
Lo más visto
Recibí información en tu mail