
El león que terminó en gatito

Uno se pone a pensar y dice: ¿cómo nos ha ido con los leones? Porque esta figura del “león” fue una creación de Javier Milei, un símbolo que buscó instalar con fuerza. Ahora bien, yo me pregunto: ¿necesitamos leones o corderos en el Senado de la Nación? ¿O, más sensatamente, necesitamos gente inteligente y capacitada para llevar adelante un proyecto serio?
Los animales son muy lindos, sobre todo los domésticos y cariñosos, pero el león no es precisamente ese caso. En la naturaleza, el rey de la selva dista mucho de ser un ejemplo de nobleza: es la leona la que sale a cazar, la que garantiza la supervivencia del grupo. El macho, en cambio, come primero, hasta saciarse, y luego deja las sobras. Incluso llega a devorar crías. Basta ver cualquier safari para comprobarlo.
Por eso, lejos de ser el más potente, el león es un símbolo que no encaja con la representación de un verdadero liderazgo. Además, ya sabemos que también es emblema del Reino Unido. Entonces, ¿para qué llenar el Senado de leones o de ovejas? Lo que necesitamos son seres humanos con proyectos, no animales. Porque para eso está el zoológico.
El “león” Milei llegó a la presidencia con alrededor del 30% de los votos propios, y el resto se lo aportó la “leona” Patricia Bullrich. Sin esa alianza, no hubiese llegado a la Casa Rosada. Y la primera vez que debió enfrentar solo una elección, la perdió. Ese es el verdadero balance de su figura: mucho rugido, poco resultado. Hoy el león se ha convertido en un gatito regalado, incapaz de mostrar logros concretos.
Frente a esto, escuchamos a la candidata a senadora María Emilia Orozco repetir el discurso de que hay que “llenar de leones el Congreso de la Nación para que el kirchnerismo no vuelva nunca más”. Señora, no necesitamos leones en el Congreso. Necesitamos capacidades, proyectos, propuestas claras sobre cómo sacar adelante un país que hoy sufre. No pongan más animales en un gobierno que ya está lleno de ellos.
Un vecino del norte provincial me comentaba que, cuando Orozco visitó su zona, los pobladores le preguntaron cómo había llegado: ¿en auto o en avión? Ella dijo que en auto, pero la realidad es que lo hizo en helicóptero. Y es lógico que los vecinos le reclamaran: “¿Vio cómo tenemos los caminos? No podemos llegar a nuestros destinos, mientras la gente se muere de hambre, más aún los jubilados y discapacitados de esa zona”. Esa es la realidad que debería atender una candidata, y no disfrazarse de leona.
La gente ya demostró en las urnas que no se compra más relatos vacíos. Lo que espera es comprensión, empatía y un gobierno que proteja a todos, no solo a los bancos, al FMI, a los usureros y a la timba financiera. Señora Orozco: reflexione. Cambie el discurso, aunque sea para guardar las formas. Porque con esa narrativa del león, que ya se convirtió en gatito mimoso, no va a llegar a ningún lado.
Y, por favor, si insisten con la figura animal, lleven al león al zoológico. Harían un gran bien. Porque sueltos, en la política, son realmente dañinos.







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