Revalorización

Opinion 25 de mayo de 2023
A 213 años vale destacar el hecho sobresaliente de la Revolución de Mayo. Significa –coinciden los especialistas- la conquista del gobierno propio por parte de los criollos en lo que por entonces era el Virreinato del Río de la Plata. El proceso demandó líderes con formación intelectual y fuerte compromiso con ideales que hoy tienen plena vigencia.
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El repaso vale en tiempos difíciles pero no más complejos que en el arranque del Siglo XIX. Es así que por entonces se trataba de canalizar un sentimiento de autonomía y libertad para gobernar vastas regiones dependientes de una corona cuya cabeza había caído. No se trataba de crear una nueva nación: hasta 1810 era administrar en nombre de un rey dominado.

De entonces y de todo el proceso de construcción de la Argentina queda un bagaje de ideas, pensamientos, intenciones y acciones que han podido trascender para configurar el pensamiento nacional. No se duda que fueron personas que cumplieron su tarea con desinterés, poniendo vida y bienes para lograr sus objetivos.

En un tratado sobre las ideas filosóficas durante el periodo de la Independencia, Diego Pró, quien fuera catedrático de Historia del Pensamiento Argentino en la Universidad Nacional de Cuyo, señala que “de alguna manera y en alguna medida, el pasado en lo que tiene de valioso continúa viviendo en el presente. La Revolución de Mayo, para dar un ejemplo ilustrativo, está ubicada como acontecimiento histórico entre marcas cronológicas muy precisas. Pero aquel acontecimiento continúa irradiando hacia adelante en el proceso histórico y de algún modo sigue viviendo en el presente histórico del país, dando sentido a los acontecimientos y cambios de éste”. 

En ese sentido, los protagonistas de Mayo son contemporáneos porque han concurrido a perfilar una manera de ver la realidad, con una visión ética que debe sostenerse. Es así que el paso del tiempo no pone en dudas lo que afirmó Cornelio Saavedra, quien presidió la Primera Junta de Gobierno, respecto de que “es el pueblo el que confiere la autoridad o mando”. 

La libertad era, como debe ser hoy, la guía de toda acción. Mariano Moreno, también miembro de ese gobierno, expresaba “Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila”, coincidiendo con un vocal de esa Junta, Manuel Belgrano, quien aseguraba que “La vida es nada si la libertad se pierde”. Hoy, el hambre y la pobreza amenazan la libertad.

La educación, en una situación actual de vulnerabilidad en todo el país por múltiples factores, fue otra de las preocupaciones de estos pensadores. Belgrano sabía que “fundar escuelas es sembrar en las almas” y es de Moreno la idea de que  “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía”. 

El carácter pragmático de esos criollos, hombres y mujeres que no buscaban reconocimientos, sino un lugar en una lucha colectiva, debiera recuperarse hoy para diferenciarlo del oportunismo y el aprovechamiento que se hace de la política. Hay quienes pareciera que trabajan por la paga, como lo reconoció el concejal reelecto capitalino José García, que se declaró merecedor de una dieta que supera ampliamente el ingreso promedio de un salteño porque supuestamente trabaja 24 horas por los vecinos.

La Revolución de Mayo fue un hito que no tiene parangón en estos tiempos en el país. No hay acontecimientos que puedan asimilarse a ese acto que necesitó convicción y valentía. No merece de manera alguna ser arrumbado en el olvido o desplazado por celebraciones sectoriales. 

Salta, 25 de mayo de 2023

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