Campaña
Ese dato obliga al millón 92 mil 561 electores a ocuparse en recoger información a fin de tomar una decisión fundada frente a las propuestas electorales que saldrán a su paso a partir de este día. Si bien cada dos años se cumple esta tarea, no es por los procedimientos que se demanda la atención. Tratándose de un deber, la responsabilidad consecuente no puede eludirse.
Justamente ese es el sentido de una campaña electoral, pese al breve tiempo de su desarrollo y la complejidad de una oferta que resulta excesiva si se intenta enmarcar en cuadro doctrinario o ideológico. Se suma a ello la variedad de canales habilitados para que candidatos, partidos y frentes presenten sus propuestas sobre cuestiones que efectivamente hacen a la tarea que deben asumir, para el caso de resultar electos.
Otra característica de esta época en que la tecnología y el conocimiento concurren a facilitar la difusión, es que el elector solo es un objeto y no un sujeto de tal comunicación. No hay espacios donde se entrene en una participación conducente a perfeccionar la toma de una decisión trascendente y la cotidianeidad de la vida comunitaria tampoco contribuye a ese fin.
Son tiempos de crisis que vienen afirmando el concepto de que la política es uno de los problemas que debe enfrentar y no que, efectivamente, es la herramienta para solucionarlos. De allí entonces que la salida para aliviar las tensiones de cada jornada es tomar distancia de esta actividad e intentar un acercamiento solamente al momento de las elecciones.
Nada facilita la relación dado que los partidos políticos no tienen espacios físicos donde se desarrollen actividades de debate y análisis de la realidad social, económica y cultural, que indiquen que quienes toman la decisión de intentar acceder a un cargo electivo están preparados para ello. Consecuentemente no pueden ofrecer oportunidades para que se alcance -como destacan los especialistas- que en las elecciones se emita un voto “libre e informado” ni que los candidatos vayan construyendo apoyo a partir de la motivación que producen los mensajes.
La que comienza hoy es la etapa en que aparece la publicidad mediante la cartelería que, según su dimensión y despliegue, da cuenta de los recursos con los que cuenta el sector político que sostiene la candidatura. Dada las características del sistema de votación, la imagen alcanza una importancia que habitualmente supera al mensaje que se debe transmitir. El resultado es generalmente un rostro, un nombre y un eslogan que debe explicarse. Tal es lo que se intenta con el resto de los recursos que se despliegan en posteos en redes sociales y en la participación en espacios habilitados en medios de comunicación tradicionales.
También van a comenzar las visitas a distintos puntos de la ciudad, especialmente en la Capital, que por su extensión y población resulta parcialmente conocida por quienes se proponen participar de su conducción institucional. Aunque se sabe que es un trámite ocioso, los vecinos suelen aprovechar para marcar deficiencias y pedir una acción de gobierno que las resuelva.
La democracia que se está construyendo desde hace un poco más de cuatro décadas viene mostrando que esa tarea deja enseñanzas en la sociedad. Debiera ocupar a la dirigencia política conocer qué lecciones ya se han aprendido, si efectivamente sus acciones nacen de buenas intenciones.
Salta, 11 de abril de 2025