Oposición

Opinion 17 de enero de 2023
En un año electoral, la oposición busca afanosamente su visibilidad. El rol fundamental que ejerce en el sistema democrático se manifiesta en plenitud; lamentablemente, expresada de manera extrema también revela sus desviaciones.
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Precisamente la democracia es la que exige el disenso y el consenso para avanzar en la búsqueda, en equilibrio, del bien común. Es necesaria la existencia de partidos que alternadamente accedan al poder, que participen a través del debate político de las respuestas a los requerimientos sociales y básicamente expresen corrientes de pensamiento que configuren un modelo de convivencia en el pluralismo.

El valor de la oposición se pondera de manera acabada cuando, lejos de concurrir a perfeccionar el funcionamiento de la democracia, la debilita poniendo obstáculos y prestándose al funcionamiento autocrático del poder. Hay ejemplos en estos tiempos de estas alteraciones.

El Congreso va camino a una parálisis por la decisión de un importante sector de la oposición de impedir el avance del oficialismo sobre el funcionamiento de la Justicia. Se está configurando un conflicto de poderes ante una ciudadanía que trata de comprender una situación institucional que se relata a través de un importante volumen de información, que emana de sectores con intereses contrapuestos.

Los sectores más radicalizados de Juntos para el Cambio -como se identifica a la confluencia del PRO, Unión Cívica Radical y Coalición Cívica- han ratificado su intención de no dar quorum a las sesiones extraordinarias convocadas por el Poder Ejecutivo, que en un extenso temario ha incluido cuatro proyectos cuyo destino pareciera inconducente. La pretensión de ampliar la Corte de Justicia y enjuiciar a sus actuales miembros, por ejemplo, es interpretada por esa oposición como un ataque al sistema democrático y la resistencia planteada es impedir la tarea en el recinto.

Justamente el Congreso es el ámbito donde la oposición puede cumplir a rajatablas su función de control, pero también de cooperación y de confrontación. Esto es, el Parlamento es el escenario más expectante para la discusión de los grandes temas nacionales, que condicionan la actividad de todos los sectores. Mayor importancia toma frente a un sistema presidencialista que se ha consolidado, no solo por las facultades constitucionales que tiene el Ejecutivo -como el poder de veto y de sanción de decretos de necesidad y urgencia- sino por las que les van cediendo las mayorías circunstanciales a los gobiernos de turno. 

El diseño constitucional de alcanzar el equilibrio en el ejercicio de poder se asienta en que a una mayor concentración, mayor control, se pierde cuando la oposición hasta se niega a sí misma el rol contestatario desde las bancas. Ni hablar que en una situación de crisis, el electoralismo domina y hace perder la posibilidad de acompañar soluciones que la sociedad reclama.

No se trata de teorizaciones académicas. Las tentaciones autoritarias justifican las intenciones del oficialismo de construir su propia oposición, promoviendo críticas bajo control desde su propio seno. De allí el armado de frentes electorales que no evolucionan a alianzas políticas y que generan confrontaciones internas.


La mayoría no debe avasallar a sus oponentes, dado que representan a una parte de la sociedad ni estos deben obstaculizar la acción del gobierno planteando una lucha sin principios, sin diálogo ni voluntad de construir consensos.  La salud institucional reclama sostener la relación entre mayoría y minorías en un contexto civilizado.


Salta, 17 de enero de 2023

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