Revolución energética y oportunidades para Argentina

Opinion 23 de septiembre de 2022 Por Sonia Margarita Escudero
Finalmente las grandes potencias han decidido el cambio de matriz energética para mitigar el cambio climático. La inversión en energías no contaminantes y electromovilidad van en esa dirección.
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Recientemente el Congreso norteamericano aprobó un ambicioso programa de inversión de 370 billones de dólares en energías renovables. Por su parte, China lidera la construcción  de  instalaciones y la manufactura de energía eólica y solar, la producción de vehículos eléctricos, las baterías, la energía hidráulica, la nuclear, el hidrógeno verde. Literalmente, lidera todas las tecnologías de cero emisiones. La política por el clima en China, es una política industrial.

Este acelerado cambio en la matriz energética a nivel mundial, y la necesidad de contar con acceso al litio, le da una oportunidad extraordinaria a nuestro país que, junto con Chile y Bolivia tienen las reservas de litio que en conjunto representan el 58% de las reservas mundiales; solamente Argentina cuenta con el 22,4%  de reservas a nivel global[1].

La oportunidad para el país y para las provincias de Salta, Jujuy y Catamarca está en la posibilidad de insertarnos en la cadena global de valor de suministro de materiales necesarios para la transformación de la matriz energética. La ambición debe ser ir más allá de la simple extracción del mineral.

Las cadenas globales de valor han redefinido el desarrollo económico. Gracias a la capacidad tecnológica y al respeto global por los derechos de propiedad, es posible deslocalizar la producción en diferentes países. Esta forma de producción hace que hoy, para que un país se desarrolle deba ser incluido en cadenas de suministros globales.

Para lograr esa inserción, la calidad de las instituciones, las infraestructuras y la política del país receptor son importantísimas. Una empresa central encuentra muchos alicientes en asegurarse de que la mejor tecnología sea utilizada en las sedes deslocalizadas, que se han convertido en parte integral de la cadena de producción del mundo desarrollado. Argentina debe aspirar a ser parte de la cadena de producción de materiales y manufactura para las energías no contaminantes y la electromovilidad.

La ambición debiera ser no sólo entrar en fases de valor agregado  más alto copiando lo que hacen los países ricos, sino, como está haciendo China en la actualidad, convertirse en líderes tecnológicos.[2]

 

Para insertarnos en la cadena de valor, debemos dejar de mirar solamente el negocio minero y pensar en el desarrollo estratégico, para lo cual nuestros instrumentos institucionales deben ser revisados. 

Nuestro sistema federal, en este caso, tiene algunas inconsistencias que debieran ser materia de debate y de cambios en el Congreso. Por ejemplo, por ley nacional de Estabilidad Fiscal para Inversiones Mineras, las provincias no pueden cobrar  en concepto de regalías, un porcentaje superior al 3% sobre el valor “boca mina” del mineral extraído[3]. Ese cálculo se hace sobre las declaraciones juradas de las propias empresas mineras. La ley data de 1993, es anterior a la Reforma Constitucional de 1994 que estableció que los recursos naturales pertenecen a las Provincias. Sin embargo nunca fue modificada[4].

Cuando comparamos cuánto y cómo cobran los otros países productores de litio y sus procesos, advertimos que nuestro país es el que tiene el nivel impositivo más bajo. Por ejemplo, Australia cobra el 5% del valor para el concentrado de litio. Si éste se vende a una empresa relacionada con la empresa minera o se usa como materia prima para producir hidróxido o carbonato de litio, se determina un método para calcular el valor de la regalía, utilizando precios comparables para concentrados de la misma o similar calidad. En Chile las regalías son “ad valorem” progresivas con tasas marginales entre 6,8% y 40%, dependiendo del precio de venta. A pesar de esta diferencia de regalías, la mayor producción no está en Argentina, sino en Australia y Chile que tienen tasas impositivas superiores a las de nuestro país. Argentina recauda menos y sin progresividad.

De acuerdo con datos de CEPAL, los precios internacionales del litio en dólares en 2020 fueron de entre  U$S 7.000 y U$D 8.000 por tonelada métrica, mientras que el metal de litio tiene un valor de U$S 83,000.

Urge declarar al litio como mineral estratégico nacional y revisar nuestra política fiscal en materia de extracción, procesamiento, industrialización y venta, coordinando con nuestros vecinos Chile y Bolivia que integran el llamado Triángulo del Litio. Debemos estimular su industrialización en nuestra Provincia,  en nuestro país, a efectos de insertarnos en las cadenas globales de suministro, tener acceso a transferencia de tecnología que nos permitan, en un futuro no muy lejano, convertirnos en líderes tecnológicos en el cambio de matriz energética mundial. 

[1] CEPAL: “Renta económica, régimen tributario y transparencia fiscal de la minería del litio en Argentina, Bolivia y Chile” (Disponible en cepal.org).
[2] Branko Milanovic: Capitalismo y nada más. El futuro del sistema que domina el mundo. Editorial Taurus.
[3] Ley 24.196 de 1993, artículo 22. Ley Provincial 6712 adhirió a la ley Nacional.
[4] Artículo 124 in fine de la Constitución Nacional.

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