
Decadencia

La educación en Salta tiene ya una larga historia de decadencia. Ningún gobierno del último medio siglo pasará a la historia por los esfuerzos puestos en su desarrollo; lo más que se podrá destacar es algún período de mejoras edilicias sin que ninguna gestión haya llegado a erradicar las escuelas ranchos. Las reformas legislativas no mostraron su efectividad en la realidad, a la que no innovaron en mejoras. También es relevante el bajo impacto de los cambios en la formación de los docentes, especialmente los de nivel primario.
El nivel terciario ha permitido que en todo el territorio salteño se formen profesores cuyo perfil no es posible definir, quizás porque nunca hubo un proyecto educativo a la que estos profesionales se referencien. Se trata de mano de obra medianamente calificada, que lleva adelante una labor que no le exige un talento especial; ni siquiera vocación.
Esta situación se puede verificar en el egresado del sistema educativo provincial, con escasa formación en base a objetivos predeterminados. Con excepción de quienes cursan estudios técnicos, algunos de los cuales que pueden aspirar a incorporarse a alguna empresa o taller, el resto debe continuar estudios superiores, con la misma desorientación con la que transitan los ciclos primario y medio. Las pruebas evaluatorias, nacional o internacionales, ponderan con precisión el bajo rendimiento ante exigencias básicas. No es un relato señalar que el estudiante salteño lee mal, no puede resolver operaciones básicas y no manifiesta capacidad para la resolución de situaciones problemáticas.
Pero también es cierto que como trabajadores, los docentes no son los más favorecidos. La última escala salarial para el sector rural o la de encargados de edificios –solo para citar dos ámbitos laborales- tienen en el arranque salarios similares. Sin que signifique un juicio de valor sobre tareas que tienen la misma dignidad y seguramente el mismo esfuerzo, no exigen la misma formación académica en el inicio.
Además, el insumo principal que trabajan en toda su carrera laboral es único y con un valor incalculable; ni uno de los Cullinan, diamantes que integran la colección de joyas de la Corona Británica, se equipara a un niño de Rivadavia, la zona más pobre de la Provincia. Sin embargo, una semilla de maíz, un ternero destinado a la exportación, una tonelada de salmuera de litio, por los que se hacen inversiones millonarias, son más importante que el recurso humano que transita las escuelas. Y lograr que no se pierda debiera ser más que un trabajo; es una misión.
Los trabajadores de la educación representados por el grupo de Autoconvocados y por Sitepsa han decidido imponer un paro por tiempo indeterminado los primeros y por 48 horas los segundos, a partir de este lunes y al término de tres semanas de vacaciones de invierno. Rechazan el acuerdo salarial alcanzado por la Intergremial Docente y demandan mejoras en la tarea.
La Convención de los Derechos del Niño –que tiene rango constitucional en la Argentina- en su artículo 3º establece que “cuando exista conflicto entre los derechos de niñas, niños y adolescentes frente a otros derechos e intereses igualmente legítimos, prevalecerán los primeros”. Y el cumplimiento de esa manda debe ser asegurada por el Gobierno Provincial.
Salta, 02 de agosto de 2021








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