Trabajo

Opinion 30 de abril de 2021
Mañana no será un buen día para celebraciones pero es difícil dejar pasar un primero de mayo sin siquiera una referencia al Día Internacional del Trabajador. Desde 1889 es una fecha empinada del calendario anual del mundo aunque los ánimos no sean festivos; apenas conmemorativos.
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Los salteños tienen algunas razones propias por lo menos para tener expectativas de mejoras, aunque para no pocos alcanza con que no haya un retroceso, como viene sucediendo desde hace tres décadas. Una de ellas es el reciente acuerdo entre gremios y empresarios, que pactaron aumentar un 35% el Salario Mínimo, Vital y Móvil y en cuotas se llevará el piso de remuneraciones desde los 21.600 pesos actuales a 29.160. La cifra, planteada como un piso salarial, para muchos será el techo aunque apenas cubra la canasta básica alimentaria, la que marca la línea que separa a los pobres de una situación de indigencia.

Otra razón, que por este tiempo pasa casi desapercibida, es que se dispuso un régimen promocional para fomentar el empleo en la región del Norte Grande que Salta integra junto a otras nueve provincias que tienen la característica de ser las más pobres del país. Se trata de la rebaja de los aportes patronales durante tres años para cada nuevo empleado que tomen las empresas e industrias, especialmente si se trata de mujeres o personas trans.

En más de cien años, las luchas reivindicativas de los trabajadores permitieron lograr derechos y beneficios contractuales que han sido reconocidos por la legislación en materia laboral, contemplados en contratos y convenios colectivos de trabajo en buena parte del mundo y la Argentina no fue la excepción. Una jornada laboral de 8 horas, seguridad social, derecho al salario mínimo, disfrute de vacaciones,  bonificaciones, derecho a la asociación sindical y una herramienta de indiscutible efectividad, el derecho a la huelga, son algunos de ellos.

La crisis económica venía achicando el listado de logros de manera directamente proporcional a la pérdida de puestos de trabajo. La persistencia  de la caída se profundizó con la pandemia y llevó a que para describir la situación laboral, los especialistas progresivamente estén incluyendo indicadores diferentes a las referencias habituales, como lo son las tasas de empleo y desempleo. Para comprender los datos de la realidad socioeconómica hay que considerar, por ejemplo, el desaliento a la búsqueda de trabajo y la subocupación horaria de los trabajadores. Según el Observatorio Laboral COVID-19 del BID, la crisis creada por la pandemia generó la mayor caída de empleo en la historia reciente de América Latina. La participación de los hombres en el mercado laboral cayó cuatro puntos en el último año pero el descenso fue mayor en el caso de las mujeres, porque especialmente se desempeñan en los rubros más golpeados por la emergencia sanitaria, como el comercio, la gastronomía y el turismo.

Lo que ha venido sucediendo en la Provincia en los últimos meses es una incipiente reactivación de la economía, que no ha significado para nada una creación de fuentes de trabajo. Apenas se han recuperado algunos empleos, con bastante precariedad.

La lucha de los obreros de Chicago, de fines del Siglo XIX, se ha multiplicado.  Se trata ahora, como dice el papa Francisco,  de lograr que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro. Que haya trabajo y que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía. 

Salta, 30 de abril de 2021

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