Retroceso

Opinion 29 de abril de 2021
Los congresales del Partido de la Victoria se retiraron de la reunión extraordinaria de este miércoles con la tarea de recuperar la identidad del Partido de la Victoria en sus inicios. Esto es, debe ser el que dirija un frente electoral.
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Es una cuestión que atañe a la vida interna de una agrupación política que no necesariamente convoca al interés público, pero lo impacta de lleno. En un año electoral y en pleno proceso de armado de las propuestas entre las que deberá pronunciarse el electorado, es importante conocer cómo se construyen. Son la garantía de que los compromisos que se asumen en campaña, se cumplirán para el caso que los candidatos lleguen a cubrir funciones.

La cuestión toma mayor paso si se considera que son pocos –o ninguno- los partidos que llegan individualmente a las urnas. Lo hacen en acuerdos con otras fuerzas políticas y, a veces, sin cuidado respecto de la coherencia doctrinaria; alcanza con eslóganes que prometen que se trabajará por los intereses del pueblo. 

Precisamente este partido, que debutó exitosamente en la Provincia en 2007, tiene una historia corta al igual que a nivel nacional. Creado en 2003 por la resistencia del Justicialismo a resolver sus candidaturas en internas, permitió que su inspirador Néstor Kirchner llegue a la Presidencia de la Nación. No lo alcanzó individualmente sino que fue la columna vertebral del Frente para la Victoria que recogió en su seno a referentes del peronismo que no encontraban espacio para llevar sus candidaturas. 

Pero también acarreó a dirigentes de otras expresiones políticas como sectores escindidos de la Unión Cívica Radical, como el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, o el misionero Maurice Closs y el Movimiento Nacional Alfonsinista, liderado por Leopoldo Moreau. También concurrieron en ese frente en distintas instancias electorales otros partidos como el Humanista, el Frente Grande, el Comunista, Movimiento Libres del Sur, el Intransigente y el Partido Verde, entre otros.

Cuando tuvo su reconocimiento en Salta, el Partido de la Victoria, en alianza con el Partido Renovador, repitió la experiencia nacional y dio cabida a dirigentes de variada extracción, incluidos los radicales K del Frente Plural. Y en bloque pusieron a Juan Manuel Urtubey en el Ejecutivo. Su actuación en la última década muestra su acompañamiento al kirchnerismo, camino del que no se apartó aunque fue empujado a la banquina por sectores que les discuten esa representatividad.

Esta breve historia política es el relato de la decadencia que afecta los partidos políticos en la Argentina y de la que la Provincia no es ajena. Referentes de peso de partidos políticos, como la senadora nacional MC, Sonia Escudero, adjudicaron al ex gobernador Urtubey haber desarrollado para su permanencia en el poder, la estrategia de la desaparición de los partidos políticos como mediadores entre la sociedad y el Estado.

Ahora emerge otro riesgo. El esfuerzo de ciertos sectores políticos por instaurar el bipartidismo en una democracia débil está facilitando, en realidad, el unipartidismo. La oposición profundiza su debilidad armando acuerdos que –en nombre de la gobernabilidad- la acerca al oficialismo.

Todo parece indicar que bajo rótulos diferentes, los cargos electivos en juego en esta reforma legislativa quedarán en manos de un Gobernador, parapetado detrás de la pandemia. Y eso significa un grave retroceso democrático. 

Salta, 29 de abril de 2021

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