Ejemplo

Opinion 15 de febrero de 2021
Medio siglo dedicado a la política desde cargos elevados no permiten que un hombre pase desapercibido; mucho menos si ha producido un proceso de profunda transformación política, económica y social en todo el país. Seguramente no hay punto del territorio donde el nombre de Carlos Menem sea ignorado y ante su muerte, se expresó emoción. Algunos manifestaron tristeza y otros su desagrado, pero nadie permaneció indiferente.
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Particularmente sus dos presidencias, que ejerció sucesivamente por 10 años desde 1989, marcaron a fuego la vida de los argentinos, buena parte para mal ya que el país profundizó su empobrecimiento a niveles irrecuperables. No estuvo solo en esa tarea por cuanto muchas medidas se adoptaron por ley, otras se llevaron adelante a la vista de toda la sociedad y en no pocas circunstancias, los otros dos poderes incumplieron su tarea de control y sanción correspondiente. Según el momento, parte de la sociedad disfrutó algunos beneficios pero al final de su segundo mandato –el que se extendió desde 1995 a 1999- todos sabían que la Argentina irremediablemente se encaminaba a una de sus recurrentes crisis.

En estas horas mucho se ha dicho y en las dos últimas dos décadas se acumularon análisis, investigaciones, evaluaciones como así también causas judiciales y unas que otras sentencias inaplicables. Es que el riojano fue un dirigente que supo construir una estructura política que lo llevó al poder y lo mantuvo allí hasta el último día de su vida, cubierto por fueros que impidieron que su final lo encuentre en la cárcel.

Todo el espinel político se vio obligado a expresarse para exaltar su historia, como lo hizo el compañero de su último intento de retorno presidencial que resultó en un fracaso. A través de sus redes sociales se manifestó el senador nacional, Juan Carlos Romero, quien destacó que el ex presidente “marcó una época de transformación y modernización y lideró los sueños de un país más grande…”. Esa opinión no refleja el impacto que en la provincia tuvo la década del 90, cuando Salta quedó fuera de cualquier aspiración de desarrollo con la caída de su producción hidrocarburífera y sin ferrocarriles, cuando el flete es el principal factor que  sostiene la falta de competitividad de su economía. Romero –que fue gobernador en esos años- llevó a cabo el modelo menemista en Salta, pasando a manos privadas la gestión de servicios esenciales y la fuente de financiamiento de la producción. 

Es que la versión local de la reforma del Estado de la última década del siglo pasado fue consecuencia de la reorganización de las administraciones nacional y provinciales que acompañaron a las privatizaciones, a la desregulación y a la apertura al mercado mundial, la creación de una moneda subordinada al dólar y la transformación de las leyes laborales.

Centenares de miles de personas salieron del mercado laboral; los separados de las empresas privatizadas se fueron con dinero pero sin capacitación ni proyectos de crecimiento en los cuales insertarse. La extranjerización de las compañías locales, por otra parte, introdujo modelos de trabajo y de consumo diferentes y el sector privado quedó sin defensas para competir con un mundo que venía a llevarse los comodities y dejar sus productos con alto valor agregado.

El modelo del ex presidente que el domingo murió promovió la corrupción que la Justicia no castigó.  Por eso la dignidad mancillada de un pueblo se tomó la última oportunidad: la ciudad cordobesa de Río Tercero no adhiere al duelo nacional.

Un buen ejemplo a seguir.

Salta, 15 de febrero de 2021

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