Circunstancias

Opinion 06 de octubre de 2020
Cuatro proyectos de ley y tres de declaración se incluyeron en el acta originaria de Labor Parlamentaria de la sesión de este martes de la Cámara de Diputados, todos vinculados al llamado derecho al último adiós.
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Abordan una situación penosa en extremo, el lado más duro porque se corresponde con una situación dolorosa de la pandemia de coronavirus que se instaló en todo el territorio provincial, con excepción del Municipio de La Poma. Apuntan a definir un protocolo que garantice el derecho de visitas de pacientes Covid positivos, en situación de final de vida.
La síntesis de una preocupación social que representan estas iniciativas engrosan la tarea de una cámara a pocas horas de la muerte de Sergio Humacata, el viceministro de Salud de la Provincia, cuando Salta ya se acerca al medio millar de muertos desde que inició la pandemia y con un informe que muestra que volvió a trepar la cifra diaria de víctimas del COVID-19. Con 41 fallecidos se repite un registro preocupante, el más alto después de 10 días del record del 25 de septiembre, cuando se anunciaron 44 personas fallecidas. Mientras el número de contagios denota un alentador descenso y se aleja el riesgo inminente de la saturación del sistema de salud, esta otra cifra bien puede significar un blanqueo de casos no contabilizados oportunamente, por razones que ya no valen exponer porque se corresponde a una gestión concluida por efecto de una corrección.
Sin dudas que se trata de una cuestión que sensibiliza a todos los sectores sociales y supera diferencias políticas. Uno de los proyectos más acabado lleva la firma de diputados y senadores que ahora integran la alianza gobernante y que proponen sendos protocolos para acompañar a quienes son pacientes  mientras dure la internación  y para la asistencia al funeral para despedir los restos de manera presencial.
No hay modo de evitar la dureza de estas circunstancias. Los autores de esta propuesta se extendieron en consideraciones sobre una sociedad donde la muerte se ha convertido en un hecho científico. Reconocen que los pacientes, no solo con Covid, mueren solos, fuera de su entorno, sin cariño, rodeados de elementos tecnológicos, de aparatos y de personas ajenas. Una manera impersonal de pensar la muerte como si se tratase de una enfermedad y no como lo que es, un tránsito necesario y esperable en la vida de todos, dicen sus fundamentos. 
El momento de tratamiento en el recinto circunstancialmente coincide con la desaparición física del primer funcionario del gabinete provincial, que hace menos de un mes se había hecho cargo de la Secretaría de Servicios de Salud. Más allá de la función, era un profesional apreciado en el ámbito de la salud pública y con una militancia incuestionable en el justicialismo.
La muerte del médico Sergio Humacata no es la primera en ese ámbito; más aún, sucede a varias pérdidas de profesionales que se desempeñan en la primera línea de la lucha contra la pandemia. Sin embargo, no hay una comprensión unánime del riesgo ni del esfuerzo al que se somete a un equipo de trabajadores sobredemandado. Hay preocupantes antecedentes que incluyen agresiones y obligan a engrosar la legislación vinculada a una emergencia sanitaria desatada hace poco menos de 200 días. A la iniciativa compasiva del últimos adiós se suma el propósito de modificar el Código Contravencional Provincial para sancionar a quienes difamen o agredan a trabajadores de la salud o de seguridad o violenten sus bienes.
El alto costo de esta pandemia, lamentablemente, no impide actos disvaliosos. Queda entonces promover a los virtuosos. 

Salta, 06 de octubre de 2020

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