Lección

Opinion 15 de septiembre de 2020
“Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Una reflexión de San Agustín sirve en estas horas difíciles para la humanidad y que en Salta se vive con preocupación. Es, quizás, una gran enseñanza que deja el reencuentro con los Santos Patrones a los que el pueblo católico está unido por un Pacto de Fidelidad que se renueva cada 15 de setiembre.
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Al margen de la interpretación que la Iglesia Católica seguramente hace con precisión de este principio expuesto por quien es una de las máximas figuras de la historia del pensamiento cristiano, desde el más puro laicismo se puede aprovechar está máxima. Son tiempos en que lo más insignificante puede resultar un madero para sobrevivir de buena manera.

El aislamiento dispuesto como medida de control de la pandemia por el Gobierno Nacional generó la sensación de la pérdida de libertad. Fue así en el mundo al punto que los espacios especializados en Derechos Humanos han advertido los riesgos que en algunos países haya sectores políticos tentados en caer en prácticas dictatoriales.  Quizás es la franja por la que transitó el gobierno local al momento de sancionar el DNU 255, tachado de inconstitucional y derogado por ley la semana pasada.

Fueron muchas las voces que se levantaron para denunciar el agobio que genera el plexo de disposiciones emergentes del Comité de Operaciones de Emergencia. Ante el crecimiento de contagios y el riesgo de llevar al colapso a un precario sistema sanitario, se han establecido prohibiciones que determinan los movimientos cotidianos de las personas.

Salidas restringidas, compras según número de documentos, horarios estrictos para cerrar negocios o volver a casa, forman parte de disposiciones que han puesto al hombre común en un orden que achica el amplio espacio de libertades dispuesto por la Constitución Nacional. Frente a él, este pensamiento agustiniano aparece como un mandato a ejercitar la libertad. Nada puede suceder sin la intervención de cada uno.

Y la otra lección se vincula a cómo actuar en una pandemia que sorprendió a todos sin experiencia, sin conocimiento, sin recursos reconocidos para enfrentar a un virus que se corporiza en su agresividad. En el país y en la Provincia ha desnudado falencias de políticas públicas y amenaza con dejar en evidencia la incapacidad de equipos de gobierno, armados por afinidad ideológica y hasta por amiguismo antes que por su correspondencia a un proyecto de gestión.

Es situación va afirmando en cada uno la sensación que en la emergencia sanitaria tiene que tener una activa participación. No es una práctica común el involucramiento ciudadano en medidas de gobierno, pero las actuales circunstancias están llevando a que se asuma el compromiso de asegurar la efectividad de la tarea que se está desplegando.

La arenga de que cada uno es la propia y única vacuna disponible está cobrando cada día mayor sentido. El distanciamiento social, el barbijo y algunas pequeñas prácticas higiénicas es lo que se demanda como barrera para evitar el ataque del virus.

Cada salteño, frente a un panorama que se va complicando y amenaza con tornarse más difícil, debe proyectar su estrategia de salvación; la propia, la de su familia y la de sus prójimos más cercanos. Allí cae la prohibición de reuniones sociales y familiares.

La responsabilidad social es el nombre de la salvación que se interpone ante el Covid 19. El Milagro está ayudando a que se comprenda de qué se trata, con su propio aislamiento.

Salta, 15 de septiembre de 2020

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