Movimientos

Opinion 18 de agosto de 2020
Con partidos en proceso de elecciones internas y otros que llevan adelante debates para fijar posiciones frente a la realidad política actual, todo indica que si bien la pandemia por el coronavirus dio vuelta la vida cotidiana de países o familias, la vida institucional sigue. Y así debe ser porque es la columna vertebral de cada comunidad.
covid 19

No hay visos de mejora en la situación sanitaria. Puntualmente en el caso de la Provincia de Salta la cuestión es evidente no solo en los números de los informes diarios de contagios y muerte, sino en el hecho que es muy difícil blindar un extenso territorio con amplias fronteras internas y externas. Mientras haya un sistema que concurra en asistencia de la salud de toda la población, habrá esperanzas que pueden cubrirse las demandas más acuciantes.

El resto de la vida comunitaria demanda una activa participación de todos los sectores. Si algo podía salir mal para profundizar la crisis económica y social en desarrollo desde mediados de la década que cierra este 2020, precisamente es lo que sucedió con una pandemia que se intenta poner en caja, con suerte variada. Frente a ese panorama, la sociedad no podrá aducir que no lo sabía.

El Gobierno Provincial puede ver crecer su base de sustento, especialmente ante los esfuerzos que realiza el principal partido político por sumarse a la alianza que electoralmente llevó a Gustavo Sáenz al poder. Se trata de una formalidad porque los principales referentes del Justicialismo, ya acompañaron ese liderazgo en su posicionamiento mediante elecciones hace casi un año; otros se sumaron en la integración de los bloques en ambas cámaras. El oficialismo no corre riesgos para imponer su voluntad legislativa. A lo sumo carece de voces enjundiosas para defender sus propuestas y seguramente no puede cosechar ideas ni iniciativas sustanciales para ir resolviendo el complejo panorama de una gestión sin recursos, con deudas y con crecientes carencias frente a la caída del aparato productivo, por sí precario.

Ante la proximidad de un año electoral, los movimientos de grupos políticos visualizan más ganancias que pérdidas para cualquiera que ya esté analizando cómo deberá jugar sus fichas en tal circunstancia. No se observa con nitidez cuál de estos sectores se erigirá en la oposición.

De maduro cae que ese papel está reservado a los partidos que integraron el Frente de Todos, que en 2019 tuvo un lucido papel en la elección nacional y sufrió una derrota inapelable en la provincial. En estos últimos días ha comenzado a sufrir el éxodo de individualidades más no de los socios institucionales, que con firma y sello siguen adheridos a la estructura que tiene en su haber bancas provinciales y municipales, además de intendencias.

Si bien hubo una sola reunión general –aunque a no dudar que fue precedida por varios conciliábulos presenciales y virtuales- se fijaron líneas de acción precisas. La primera es la identidad opositora frente a lo que consideran el continuismo de sucesivos gobiernos de derecha que se instalaron con la llegada de Hernán Cornejo en 1989 y no se interrumpió en tres décadas. La última versión es la actual, encabezada por Gustavo Sáenz. Esa visión política tiene expresiones en la construcción de estructuras, como el sistema económico. Cualquier cambio no será obra de un gobierno sino de la sociedad en su conjunto. 

Y es una sociedad que está convocada a poner más esfuerzo generando, como contrapartida, la obligación de la dirigencia política de actuar con responsabilidad y sin margen de error.  

Salta, 18 de agosto de 2020

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