Mayoría

Opinion 22 de julio de 2020
La democracia no es la mayoría. Esta sirve para hacerse del poder y genera a quien gobierna más obligaciones que privilegios. En la democracia moderna se reconoce y se respeta a las minorías para evitar desviaciones hacia los totalitarismos.
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El debate y la negociación para llegar a consensos, se valora más que la simple aplicación de una ventaja aritmética.  Basta observar lo que sucede en la Cámara de Diputados para reconocer esa diferencia.

En su última sesión, entre otras decisiones, el cuerpo volvió a frenar un intento por tratar un proyecto vinculado a facultades extraordinarias otorgadas a la policía provincial en el marco de la pandemia de Covid-19. La relación de fuerza entre oficialismo y oposición se expresó en el resultado de la votación que resultó en contra de la pretensión de tratar un proyecto que propone la derogación de lo que hoy es Ley 8191. Legítimamente debe reconocerse ese resultado porque hay una mayoría que responde al gobierno que dispuso esa norma por Decreto de Necesidad y Urgencia. Pero a casi 100 días no se conocen las razones por las que hay una negativa cerrada a discutir esa medida, cuya inconstitucionalidad fue planteada por distintos sectores públicos y privados ante la Justicia.

Es el camino que parece va a transitar una ley sancionada ayer para regular aspectos relativos a la comercialización de cigarrillos en la Provincia, si se atienden los fundamentos expuestos por quienes advirtieron que sus disposiciones avanzan sobre facultades que son propias de la Nación y que aborda materias que ya están reguladas por legislación de ese origen. Los reparos no rozaron las intenciones contenidas en la iniciativa, que son las de proteger la industria del tabaco; solo se trataba de preservar la constitucionalidad. “No podemos permitir que el fin justifique los medios”, se escuchó decir en la extensa sesión.

No hubo repuesta a esos señalamientos; al contrario, hubo un franco desprecio por ese flanco débil de un proyecto que la oposición no rechazaba sino sólo pedía la vuelta a comisión. Otra vez la pandemia, la pobreza, la necesidad de proteger fuentes de trabajo, fueron los banners que se desplegaron para cerrar el acceso a la discusión sobre la necesidad de sostener la institucionalidad.

Los defensores se centraron en virtudes de la producción tabacalera, afectada por una fuerte actividad de contrabando, que cubrió la escasez del producto por efecto de la cuarentena pero también reveló un aceitado sistema de evasión, que se completa con manufacturas en condiciones marginales. Pero la razonabilidad de la iniciativa se perdió en el atajo que se encontró con el propósito de controlar puntos de ventas.

El propio presidente de la Cámara abandonó el estrado para defender la que es su principal actividad. Como productor tabacalero marcó la necesidad de volver a los niveles de recaudación perdidos en la cuarentena. Pese al reconocimiento que se defiende un elemento cancerígeno, exhortó a que “mientras en el mundo sea legal la venta, sigamos produciendo”.

Los especialistas aseguran que la razón por la que la democracia no le otorga un cheque en blanco a la mayoría, es porque hay cuestiones que no pueden quedar sometidas a la voluntad de los que la integran. Precisamente los totalitarismos se generan en el poder ilimitado en manos de mayorías coyunturales.

Cuando hay razón, no es necesario ignorar el pluralismo de ideas.

Salta, 22 de julio de 2020

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