Unidad

Opinion 13 de marzo de 2020
Un mensaje breve y preciso mereció la ampliación por un año de la emergencia pública en materia sanitaria. Fue el propio Presidente de la Nación el que la dispuso, sin esperar el debate parlamentario y dando razón de ser a los Decretos de Necesidad y Urgencia. 
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La confirmación de 10 casos de coronavirus en una sola jornada en el país, justificó una cadena nacional que -más allá de recuperar un mecanismo de comunicación que caracterizó a otros gobiernos del mismo cuño político- permite unificar el mensaje y evitar el caos que suelen generar determinadas situaciones.  También expuso claramente la línea de responsabilidad en una acción ordenadora de una comunidad.  

Somos la Argentina, fue la expresión que utilizó el mandatario nacional para marcar que la que viene es una tarea que se va a tener que realizar entre todos. En un mundo sacudido por una pandemia, asumió que es una dificultad que ya se atraviesa y deberá monitorearse de manera instantánea a fin de actualizar y tomar las medidas que hagan falta. 

Lo que ha quedado trazado es un marco de acción básico que apunta a fortalecer la unidad de acción y evitar el aprovechamiento de posiciones dominantes o los excesos por temores, no pocos alimentados por el desconocimiento. Se apunta a evitar el desabastecimiento y fijar precios máximos para alcohol en gel, barbijos y otros insumos críticos. También permite disponer la suspensión preventiva de espectáculos y el cierre de espacios públicos. A ello se suma la suspensión por 30 días los vuelos provenientes de Europa, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, China e Irán. 

Un Estado presente es una señal que debe advertirse porque hay espacios que deben manejarse con razonabilidad. Por encima de todos, es imprescindible ordenar el uso del sistema de salud, especialmente el público pero también el privado, para optimizar la utilización de recursos disponibles. El educativo es otro sistema que debe operar adecuadamente porque si bien es un ámbito de concentración de personas, es una buena correa de transmisión de datos precisos.

De las disposiciones adoptadas, de la experiencia que se va acumulando con el aporte de más de un centenar de naciones afectadas y organismos mundiales especializados, emerge que el comportamiento social es un eje vertebrador para alcanzar resultados positivos. Las conductas individuales deben ajustarse a pautas generales de manera estricta y de allí que se haya endurecido el control de la aplicación de normas establecidas reducir todo lo posible la propagación del virus. Es así que el reporte de síntomas compatibles con coronavirus se tornó obligatorio y las personas que infrinjan el aislamiento ordenado tendrán responsabilidades penales. 

Otras conductas son sugeridas, como las que incluyen a los mayores de 65 años, en quienes mayor impacto tiene el virus, a los que se les señala la conveniencia de evitar los lugares concurridos. También la adopción de medidas de prevención, que se indican insistentemente como el lavado de manos, por parte del resto de la población.

La lucha contra la pandemia se ha constituido en una gesta de unidad. Al menos, es la convocatoria a un país en el que cada uno debe comprometerse con los demás y todos con cada uno, empezando por el Estado, según lo ha expresado el Presidente. Su exhortación es a demostrar que en los temas importantes los argentinos están unidos.

Salta, 13 de marzo de 2020

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