El síndrome de Estocolmo

Hay algo que realmente me cuesta entender.
Opinión04/11/2026 Mario Ernesto Peña (H)

Cara a Cara Jueves (1)

El ministro de Economía, Luis Caputo, anuncia que el Gobierno suspenderá los embargos de las cuentas bancarias de las pymes. Y parece que tenemos que salir a festejar, agradecer y aplaudir.

¿En serio?

No estamos hablando de un ministro que acaba de asumir, encuentra una economía destruida y decide tomar medidas para recuperar a las empresas. Estamos hablando del mismo ministro que conduce la política económica bajo la cual miles de pymes están cada vez más asfixiadas.

Y ahora resulta que tenemos que agradecerle porque no nos van a embargar las cuentas.

Es extraordinario.

Este Gobierno llegó prometiendo bajar impuestos, liberar a quienes producen y sacarle el peso del Estado al sector privado.

Pero no anunció una reducción del IVA, una baja de Ganancias para quienes invierten y generan empleo, ni medidas concretas para recuperar el consumo o facilitar el crédito.

Anunció que no nos van a embargar

Y eso se presenta como una gran noticia.

Por supuesto que la medida es positiva. Pero hay una diferencia enorme entre darle un poco de aire a una empresa que se está ahogando y generar las condiciones para que pueda crecer.

Si el propio Gobierno reconoce que las pymes están tan complicadas que necesita suspender los embargos, ¿por qué no empieza a discutir seriamente la carga impositiva que soportan?

Porque las deudas siguen estando, los impuestos siguen siendo los mismos y las dificultades para pagar también. Lo único que cambia es que el Estado posterga su ejecución.

No se trata de cuestionar el equilibrio fiscal ni de volver a gastar lo que no tenemos. Se trata de entender que una economía no puede considerarse exitosa solamente porque cierran las cuentas del Estado, mientras las empresas se quedan sin clientes, se endeudan y bajan las persianas.

Las pymes no necesitamos que nos perdonen la vida. Necesitamos condiciones para trabajar, invertir y generar empleo.

Que no te embarguen la cuenta no es una política de desarrollo económico. Es una medida de emergencia.

Y lo más curioso es que terminamos agradeciéndole al mismo ministro que conduce la política económica que contribuyó a llevarnos a esta situación.

Es como si alguien nos mantuviera la cabeza debajo del agua y, cuando finalmente nos deja respirar, tuviéramos que darle las gracias.

No sé si es exactamente el síndrome de Estocolmo.

Pero se le parece bastante.

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