Marocco planteó un Estado con autonomía para conducir el desarrollo

El vicegobernador de Salta participó en La Plata del seminario “Peronismo x Peronistas: propuestas para una transformación nacional”.
Política20/08/2026

peronismo marocco

El vicegobernador de Salta, Antonio Marocco, participó del seminario ”Peronismo x Peronistas: propuestas para una transformación nacional”, organizado por el Frente Nacional Peronista – Política y Gestión y el Partido Justicialista de La Plata. La apertura del encuentro estuvo a cargo del gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Marocco fue convocado por su trayectoria y por ser uno de los referentes del peronismo en el norte argentino. Tuvo a su cargo la última exposición del seminario, dentro del panel “Modelo de Estado Nacional: ¿Qué Estado queremos?”, que compartió con el intendente Julio Alak, el ex Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Juan Manuel Abal Medina,  y la vicegobernadora de Buenos Aires y presidenta del Foro de Vicegobernadores de la República Argentina, Verónica Magario.

Su ponencia abordó qué Estado necesita la Argentina, para qué proyecto de Nación y con qué capacidades políticas, federales, productivas y sociales debe construirse. “Primero hay que organizar al peronismo, luego a los aliados y finalmente, después de eso, buscar el nombre que mejor nos represente”, expresó en un pasaje de la misma.

Un Estado capaz de conducir el desarrollo

Marocco planteó que la discusión sobre el Estado no puede reducirse a la tradicional oposición entre un Estado “grande” o “chico”, sino que debe preguntarse por su capacidad efectiva para representar el interés general, fijar un rumbo y sostenerlo.

“La verdadera discusión es entre un Estado subordinado a los poderes de hecho y otro con autonomía para conducir el desarrollo en favor del bien común”, afirmó. Y definió como objetivo un Estado “nacional, federal, democrático, productivo, social y profundamente humanista”, capaz de convertir las decisiones políticas legítimas en transformaciones concretas y permanentes.

En ese sentido, advirtió que la retirada estatal no implica necesariamente una ampliación de la libertad social, porque “la retirada del Estado nunca deja un espacio vacío: lo ocupa otro poder, principalmente uno que no ha sido elegido por el pueblo ni defiende sus intereses”.

Un federalismo construido también desde las regiones

Desde su experiencia como dirigente salteño y en el proceso de institucionalización del Norte Grande, Marocco reivindicó a las regiones como una herramienta central para construir un federalismo más equilibrado.

Cuestionó las políticas mediante las cuales la Nación transfirió responsabilidades a provincias y municipios sin acompañarlas con recursos ni capacidades suficientes. “Eso no es federalizar: es descentralizar la gestión de la desigualdad. Un país no se vuelve federal porque sus gobernadores deban resolver en soledad los problemas que la Nación abandona”, señaló.

El vicegobernador sostuvo que las regiones permiten equilibrar la posición de las provincias frente al poder concentrado y coordinar estrategias de desarrollo. Desde esa perspectiva, señaló que el federalismo debe traducirse concretamente en infraestructura, energía, conectividad, educación, financiamiento y agregado de valor en origen.

“La Argentina no puede considerarse desarrollada mientras haya regiones que exportan riqueza y retienen pobreza”, expresó.

El Estado como instrumento de la comunidad

Otro de los ejes centrales de su exposición fue la concepción del Estado como instrumento de una comunidad organizada y no como un poder situado por encima de ella.

“El Estado no es dueño del pueblo o la comunidad, sino su instrumento”, sostuvo Marocco. Explicó que su función debe ser crear las condiciones para que la sociedad pueda organizarse, conducir y articular los distintos intereses y evitar que una fuerza particular se imponga sobre el conjunto.

A partir de esa concepción, planteó tres grandes finalidades para el Estado: asegurar una vida digna, ejercer la soberanía y planificar el desarrollo productivo.

Sobre la primera, sostuvo que la justicia social no puede limitarse a compensar las consecuencias negativas del funcionamiento económico, sino que debe intervenir desde el comienzo en la organización de la producción, la inversión, la distribución de la productividad y la protección del trabajo.

Respecto de la soberanía, afirmó que no se limita a las fronteras o la moneda, sino que exige desarrollar capacidades energéticas, alimentarias, científicas, tecnológicas, sanitarias y defensivas, además de poder decidir sobre los minerales críticos, el gas, la tierra, la biodiversidad y los datos. “Sin soberanía no hay más que una libertad tutelada”, sintetizó.

También defendió la planificación del desarrollo productivo como una responsabilidad estatal que no supone sustituir a la iniciativa privada. “El peronismo no es enemigo de la iniciativa, sino del privilegio”, afirmó, y explicó que planificar significa establecer prioridades y orientar infraestructura, crédito, conocimiento e inversiones hacia objetivos estratégicos que el mercado por sí solo no garantiza.

Solvencia fiscal sin sacrificar el desarrollo

Marocco también abordó la necesidad de ordenar las cuentas públicas, pero cuestionó que el equilibrio fiscal sea considerado un objetivo aislado de sus consecuencias económicas y sociales.

“La solvencia fiscal da autonomía, pero el equilibrio no puede sacrificar desarrollo ni capacidades”, sostuvo. Señaló que no solo importa cuánto gasta el Estado, sino quién aporta, dónde se invierten los recursos y qué futuro se construye con ellos.

En ese marco, planteó la necesidad de avanzar hacia un sistema tributario más progresivo y simple, combatir la evasión y los privilegios, eliminar gastos ineficaces y orientar el crédito hacia la producción. “Ajustar siempre sobre los mismos no es ordenar: es consolidar la injusticia”, afirmó.

El peronismo como una fuerza para construir futuro

En el cierre de su exposición, Marocco remarcó que la tarea del peronismo no consiste en reconstruir de manera nostálgica el Estado o los liderazgos de otras épocas, sino en interpretar las nuevas condiciones históricas y construir las herramientas necesarias para transformarlas.

“El peronismo no puede ser el guardián melancólico de sus conquistas: debe identificar las nuevas formas de dependencia y construir nuevas herramientas de transformación”, sostuvo. En ese sentido, señaló que las banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política “no son reliquias, sino preguntas permanentes que cada generación debe responder con los instrumentos de su tiempo”.

Finalmente, afirmó: “No se trata de volver al pasado. El peronismo siempre tuvo más que ver con el futuro que con el atraso. En todo caso, se trata de recuperar, del pasado, la voluntad de imaginar y construir futuro”.

Y concluyó: “Cuando un pueblo se organiza, identifica un destino común y encuentra una conducción que lo interpela, deja de ser espectador de la historia y vuelve a convertirse en protagonista de su propio camino”.

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