
Salta, Córdoba y Paraguay: los focos contrarrevolucionarios que enfrentó la Primera Junta
Agustina Tolaba
Apenas dos días después del 25 de mayo de 1810, la recién formada Primera Junta envió una circular a las provincias del interior del ex Virreinato del Río de la Plata. El objetivo era claro: comunicar la creación del nuevo gobierno y convocar a las ciudades a elegir representantes para sumarse a este proceso revolucionario que aún no tenía contornos definidos. El documento, firmado por Cornelio Saavedra como presidente y con el impulso del secretario Mariano Moreno, marcaba el primer paso hacia una estructura de poder más amplia.
Así lo explicó en su columna por Aries, la historiadora Laura Colivadino: “El 27 de mayo se firma una circular que invitaba a las provincias a enviar un representante. Esta noticia llegaría recién en junio a Salta, donde gobernaba Nicolás Severo de Isasmendi, un gobernador propietario nombrado por el rey, que además tenía posesiones en el Valle Calchaquí”.
Según relató Colivadino, el gobernador salteño entendió rápidamente que reconocer la Junta era poner en duda su propia autoridad. “Si reconozco la destitución del virrey, estoy reconociendo que mi autoridad también está en tela de juicio”, explicó la historiadora, rememorando el pensamiento de Isasmendi. Como respuesta, mandó a encarcelar a los cabildantes salteños que apoyaban la circular.
Uno de ellos, Calixto Gauna, logró escapar y viajó de inmediato a Buenos Aires para advertir que Salta se había vuelto un foco contrarrevolucionario. No era el único. También Córdoba y Paraguay rechazaban el nuevo orden. En estos dos últimos casos, el gobierno central respondió con dureza: en Córdoba, Santiago de Liniers y otros fueron fusilados por orden de Moreno; y en Paraguay, Manuel Belgrano fracasó en su intento de adhesión, ya que el territorio optó por un camino político independiente.
En Salta, la situación se resolvió con la destitución de Isasmendi y la designación de Feliciano Chiclana como nuevo gobernador. En paralelo, comenzaba a consolidarse un conflicto militar: “Se inicia una guerra por la independencia donde desde Buenos Aires se organiza el Ejército del Norte”, relató Colivadino.
En ese marco, Martín Miguel de Güemes, de regreso en su provincia, se puso al servicio de la revolución. Fue clave en la primera victoria patriota en Suipacha, el 7 de noviembre de 1810. Sin embargo, el jefe porteño del ejército no reconoció su rol, lo que marcaría el inicio de una larga y tensa relación entre Güemes y el poder central de Buenos Aires.
“La historia de la revolución no fue uniforme, fue un proceso con resistencias, enfrentamientos y tensiones que comenzaron a los pocos días de aquel 25 de mayo”, concluyó Colivadino.







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